viernes, 28 de junio de 2019

EL PLANETA SE ASFIXIA DE CALOR

Fuente EFE
Con la llegada del verano, asistimos de nuevo a las olas de calor. Según los expertos llegarán a Europa cada vez más pronto y cada vez de forma más frecuente y devastadora. En Alemania se esperan temperaturas de 40ºC y noches de 25ºC; en nuestro país, el fin de semana nos deparará temperaturas por encima de ese valor en muchas regiones de España. En Francia temen que se repitan las consecuencias de la ola de calor que sufrieron en agosto de 2003, con 15.000 muertes.

La AEMET ha contabilizado, con ésta, una decena de olas de calor que hayan tenido lugar en junio, desde 1975, fecha en que comenzaron a registrarse estos fenómenos. Pues bien, de esas 10 olas de calor al comienzo del verano, cinco han tenido lugar en esta década. Las olas de calor en junio son especialmente graves, por la larga duración de los días, que provoca que se prolonguen las altas temperaturas hasta bien entrada la noche. Los expertos calculan que se superará en 10ºC la temperatura normal para esta época del año.

A nivel mundial, el pasado día 8 de junio se alcanzó el récord absoluto de temperatura planetaria en Kuwait, con 52.2 grados centígrados a la sombre y 63 bajo la luz directa del sol, causando cinco muertos y frecuentes deshidrataciones. Para este verano, se espera que este país árabe alcance los 68ºC al sol. En la India se han producido 78 muertes debido a golpes de calor. Al otro extremo del mundo, los informativos de televisión difundían la imagen viral de un trineo tirado por perros en Groenlandia que, en vez de avanzar sobre la nieve, lo hacia sobre un manto de agua procedente del deshielo.

No vamos a insistir más en las causas últimas de estos fenómenos que se repiten año tras año en Europa y el resto del mundo. Ya se empieza a hablar de los "estragos del cambio climático". Entre otros, los incendios forestales, las sequías y los recortes en los suministros de agua potable, sobre todo en los países en desarrollo. En algunos países europeos, el año pasado, varias centrales nucleares tuvieron que parar su actividad por el calentamiento de las aguas de los ríos colindantes, incapaces de refrigerar suficientemente los reactores. Un estudio de la revista Nature Energy de 2017 advertía sobre las consecuencias que el cambio climático provocará sobre la producción de electricidad basada en el agua, ya que se prevé que, en 2030, hasta 54 cuencas hidrográficas en Europa reducirán su caudal.

Pero no todo el mundo hace caso a las advertencias de la comunidad científica ni a los datos objetivos. Ya sabíamos que Donald Trump niega el cambio climático; ahora niega hasta la existencia del clima. El mandatario norteamericano afirmaba recientemente en su cuenta de Twitter que "No vivimos en el medio ambiente, vivimos en América", donde también ha afirmado que "puede que haga frío o calor, pero eso no implica que lo que llaman temperatura sea real". O también "Cae agua del cielo, pero eso no es una prueba de que haya un sistema que conecte el mar, la evaporación y las nubes en una especie de conspiración complejísima. Es todo una patraña". Todo un figura.

Mientras tanto, el gobierno murciano, aún pendiente de entrar en funcionamiento por el apoyo (o no) de la extrema derecha, también piensa que eso del cambio climático no va con ellos, que las cuencas del Tajo o del Ebro son inagotables y que se puede extraer de ellas y de las aguas subterráneas toda el agua que se necesite, tal y como recoge el acuerdo firmado entre el PP y Cs en la Región de Murcia. Y siguen exigiendo agua, aunque sea para dejar abandonados los cultivos, como ha ocurrido recientemente en Yecla, donde se han dejado pudrir 35 hectáreas de lechugas, para cuyo crecimiento se utilizaron 120 millones de litros de agua, cantidad equivalente, según dijo el portavoz de la Plataforma Ciudadana Salvemos el Arabí y Comarca, colectivo denunciante de este hecho, a que "alguien se dejara el grifo de la cocina abierto 24 horas al día, 365 días al año, durante 38 años ininterrumpidamente".

¿Cuándo se darán cuenta nuestros gobernantes de que sin un golpe de timón brusco y un cambio en el modelo económico iremos abocados a que, verano tras verano, suframos sucesivas olas de calor y sus efectos colaterales? Y, lo que es peor, que podamos traspasar un punto de no retorno, situado por los expertos en en año 2035. A la vuelta de la esquina, como quien dice.
Articulo aparecido en eldiario.es:

lunes, 3 de junio de 2019

ESPAÑA DEBE SUBIRSE A LA OLA VERDE

Nuestro país es una anomalía en Europa. En Alemania, Francia o Bélgica, Los Verdes (Die Grünen, Europe Ecologie-Les Verts y Ecolo, respectivamente) obtienen resultados espectaculares en las elecciones europeas, y siguen demostrando ser el mejor cortafuegos a la extrema derecha frente a los partidos de corte más clásico (socialdemócratas, conservadores y la izquierda tradicional). Así, los verdes alemanes se sitúan justo detrás del partido de Merkel, muy por delante de los socialdemócratas; en Francia, EE-LV va en tercer lugar tras la ultraderecha y el macronismo, dándose la circunstancia de que la cuarta parte de la juventud francesa de entre 18 y 35 años ha elegido a la opción verde; en Bélgica obtienen un 21% de los votos, mientras que en otros países europeos los distintos partidos verdes sacan buenos resultados, un 15% en Irlanda y un 12% en el Reino Unido. El conjunto de la familia verde europea ha conseguido el 9,19% de los votos al Parlamento Europeo, con 69 diputados, 17 más que en 2014, situándose como la cuarta fuerza de la eurocámara. Se habla de la "Ola Verde" que recorre Europa, azuzada por las manifestaciones de la juventud europea que, desde hace meses, y liderada por la activista sueca Greta Thurnberg, reclama acciones directas contra el cambio climático.

Sin embargo, en nuestro país la opción verde no acaba de cuajar, a pesar de que los primeros partidos verdes en España vieron la luz en la década de los 80, y de la existencia de EQUO desde 2011, referente del Partido Verde Europeo en España, junto a ICV. Las razones hay que buscarlas, en mi opinión, en primer lugar, en la escasa conciencia ecologista de la sociedad española, tal vez porque España alberga el mayor número de especies de vertebrados y de plantas vasculares de todos los países europeos, registrando la mayor biodiversidad del continente, y aún creemos que la naturaleza no está en tan mal estado como nos lo pintan. Otra razón es la existencia de una cultura política heredada de la Transición, en la que se confrontan dos bloques antagonistas, izquierda y derecha, que tal vez sea insuficiente para responder a los retos y la complejidad que nos plantea el siglo XXI, principalmente como resultado del cambio climático. La prueba es que en el resto de Europa, esos bloques tradicionales o clásicos están en franco retroceso. La izquierda francesa atraviesa una crisis sin precedentes, habiendo obtenido solamente el 6% de los votos, mientras que los "republicanos" derechistas se quedan con poco más del 8%. En Alemania, el SPD se queda en el 15% mientras que Die Linke (los antiguos comunistas) apenas superan el 5%.
Los partidos verdes españoles se han caracterizado desde su fundación por aliarse con otros partidos del espectro de la izquierda, ya sea el PSOE, ya sea IU o, más recientemente, con Podemos, conscientes de su poca implantación social y esa escasa concienciación ecologista de la sociedad. En todo este tiempo se han perdido años preciosos, en mi opinión, para conseguir el apoyo social al que todo partido debe aspirar para tener éxito, apostando por el contrario por la estrategia de conseguir una mínima representación institucional que pueda colar las ideas ecologistas, aunque sea en un entorno político a menudo contrario a esas ideas. Pero no valen proyectos personalistas, con "lideres" mesiánicos que dicen representar a todo un movimiento, pero que, en realidad, se representan a sí mismos y lo único que pretenden es perpetuarse en esto de la política, a toda costa, aunque signifique el fin del partido. Al contrario, es necesaria la existencia de un partido verde fuerte e independiente que represente los postulados de la ecología política, que cuente con una base social suficiente como para caminar libre de ataduras.
En 2010, el aún eurodiputado de EQUO Florent Marcellesi, en su ensayo "Ecología política: génesis, teoría y praxis de la ideología verde" definía a esta ideología como   antiproductivista, proponiendo "una visión global de la sociedad, de su futuro, de las relaciones entre seres humanos, de las relaciones entre éstos y su entorno natural y de las actividades productivas humanas", más allá del mero ambientalismo al que algunos quieren limitarla. La ecología política tiene todo un conjunto de propuestas que son diferentes a los demás partidos al uso, ya que, al contrario de otras opciones políticas, tiene en cuenta los límites biofísicos del planeta, y esa premisa afecta a todos los ámbitos, desde el modelo productivo, la economía y los servicios públicos, hasta las relaciones interpersonales y la distribución del tiempo del trabajo, entre otros. España debe subirse a la "ola verde" que recorre Europa, y debe hacerlo no sólo por medio de las manifestaciones de los jóvenes en las calles, sino que se tiene que traducir en un activismo político que siente las bases de un partido verde fuerte y autónomo que dé respuesta a los retos del siglo XXI.
Articulo publicado hoy en eldiario.es:

miércoles, 8 de mayo de 2019

EL ASESINO SILENCIOSO

Hace unos días, la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES son sus siglas en inglés), organismo dependiente de la ONU, que agrupa a 132 países, se reunió en París para analizar el estado de los ecosistemas mundiales y su biodiversidad, y sus conclusiones no pueden ser más claras, a la vez que preocupantes.
Se calcula que existen unas 30 millones de especies animales y vegetales distintas en el mundo. De todas ellas, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cifra en un millón las que se encuentran en peligro de extinción y en 17.000 las amenazadas. Para el 2020 la diversidad de especies se puede haber reducido en un 33%. Además, muchas de esas especies habrán desaparecido sin que ni siquiera hayan sido descubiertas por la ciencia.
Especialmente alarmante es la desaparición de los insectos, y de entre ellos, las abejas, responsables de la polinización de las plantas, muchas de ellas comestibles, por lo que se pone en riesgo la alimentación de la especie humana en las próximas décadas. Un ejemplo cercano en nuestras ciudades es la escasez de gorriones; se calcula que 30 millones de ejemplares han desaparecido en los últimos 10 años en España, debido principalmente al uso masivo de insecticidas tóxicos, como el glifosato que se usa en nuestros parques y jardines, el aumento de la contaminación del aire, los niveles de ruido y la reducción de espacios donde construir nidos.
Algunos expertos hablan ya de la 'sexta extinción', habiendo ocurrido las cinco últimas en el periodo que va desde hace 440 y 65 millones de años, la última de las cuales hizo desaparecer a los dinosaurios. Esta sexta extinción tiene un solo responsable, el ser humano y nuestro modo de vida.
La directora del Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU, Cristiana Pașca Palmer, se refiere a este problema como "el asesino silencioso", porque, a diferencia del cambio climático, cuyos efectos percibimos día a día (récords de temperatura, inundaciones, sequías, desertificación, …) la pérdida de biodiversidad, es decir, de la variedad de especies, su diversidad genética y sus hábitats, no es advertida por nosotros, ya que estamos cada vez más alejados de la naturaleza.
Las causas de este descenso brutal en la biodiversidad son conocidas. En primer lugar, la pérdida de hábitats, por la transformación de los paisajes naturales y el cambio en los usos del suelo para su aprovechamiento económico, principalmente por la agricultura y la construcción. En la Región de Murcia, esto se ha puesto de manifiesto con el aumento de los regadíos de forma exponencial, a menudo de forma ilegal, como se ha visto recientemente con la denuncia de la CHS, que ha descubierto más de 3.600 has. de superficie ilegal de regadíos, aunque los colectivos ecologistas cifran en cerca de 20.000 las hectáreas roturadas de ese modo.
La introducción de especies invasoras es otra causa de la pérdida de biodiversidad, ya que desplazan a las especies autóctonas. En Europa, una de cada tres especies está en peligro crítico de extinción por esta amenaza. En nuestra región, especies acuáticas exóticas como el cangrejo azul, la gambusia, la babosa negra, el cangrejo rojo, el mejillón cebra o el galápago de Florida (surgido de individuos domésticos provenientes de tiendas de animales) amenazan a las especies del río Segura y el Mar Menor, además de otras como el mosquito tigre, especialmente molesto, o el arrui, competidor de la cabra montés, modifican la diversidad en montes y riberas.
Otra actividad humana que amenaza a la biodiversidad es la caza. La introducción de especies cinegéticas en el medio procedentes de granjas, la muerte de aves rapaces protegidas por disparos, la acumulación de plomo venenoso en los campos provenientes de perdigones o la colocación ilegal de cebos envenenados en los cotos de caza son algunas de las causas que producen la pérdida de biodiversidad. La contaminación en sus diversas vertientes (atmosférica, acuática, lumínica y acústica) también contribuye a este mal, junto al cambio climático, ya que el aumento de la temperatura media de los mares y el planeta en general trae como consecuencia el desplazamiento de las especies a latitudes donde antes no estaban presentes, sustituyendo a las especies autóctonas y modificando los ecosistemas.
Ahora que la juventud en el mundo está movilizada por el clima, es el momento idóneo para que la sociedad también se haga eco de la denuncia del colectivo científico que, desde París, nos alerta de esta gran amenaza que es la pérdida de biodiversidad, el segundo problema más importante a nivel global tras el cambio climático.
Artículo aparecido ayer en eldiario.es: