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miércoles, 21 de diciembre de 2022

OTRA CUMBRE MÁS

EFE/ Julio César Rivas

Se acaba de celebrar en Montreal la llamada COP15, Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad Biológica, entre los días 7 y 19 de diciembre, una cita bianual que se celebra desde 1994, cuyo objetivo es implementar medidas desde los gobiernos del mundo para conservar la biodiversidad y evitar la destrucción de los ecosistemas. El objetivo que se ha marcado esta cumbre es conseguir que el 30% de los espacios naturales terrestres y marítimos del planeta estén protegidos de aquí a 2030 (actualmente sólo lo está el 17% de los ecosistemas terrestres y el 8% de los marinos) y desbloquear 30 mil millones de dólares anuales para ayudar a los países en vías de desarrollo a esta conservación, aunque éstos aducen que necesitarán unos 100 mil millones al año. En este sentido, España supera con creces este objetivo, ya que el 36,2% de su superficie está protegida, frente al 26% de la media europea.

En 2020 se cumplió el límite de las llamadas Metas de Aichi, un conjunto de 20 objetivos encaminados a mejorar la biodiversidad en sus diferentes vertientes, pesquerías, reducción de la pérdida de hábitats, reducción de la contaminación, reducción del consumo desaforado, mantenimiento de la diversidad genética, aumento de la superficie protegida, etc., que se definieron en 2010 en la COP10 de Nagoya (Japón). Sin embargo, y como era de esperar, ninguna de estas metas se ha cumplido. En esta COP15 se pretende renovar este compromiso para el periodo 2020-2030 con estos objetivos más que ambiciosos.

Organizaciones conservacionistas asistentes a esta cumbre, como WWF y Greenpeace, ya han calificado de “cifras vacías, con protecciones previstas sobre el papel pero nada más”, los acuerdos alcanzados. Se calcula que el 75% de los ecosistemas están alterados por la actividad humana y más de un millón de especies están en peligro de extinción. Un estudio de la Universidad de Cambridge ha llegado a la conclusión que en 2100 el 23% de los ecosistemas del planeta se habrán degenerado tanto que habrán desaparecido. Según WWF, el 69% de las especies de fauna salvaje han desaparecido desde 1970, algunas de las cuales ni siquiera han sido descubiertas por el ser humano. Especialmente grave es el riesgo de desaparición del multitud de especies de insectos, muchos de ellos polinizadores, de los que depende la producción agrícola mundial. El 76% de la producción alimentaria en Europa depende de la polinización realizada por las diferentes especies de abejas.

Con estos mimbres, y tal y como ocurre con las cumbres por el clima, la última de las cuales se celebró recientemente en Egipto, asistimos una y otra vez a los buenos propósitos, pero sin compromisos firmes, como lo demuestra el hecho de que ningún jefe de Estado de la UE haya asistido a esta cumbre, que muchos lideres mundiales se hayan limitado a publicar algún tweet sobre el tema, y que EE.UU. (junto con el Vaticano) ni siquiera ha ratificado el Convenio sobre la Diversidad Biológica de 1992, firmado por 196 países.

En septiembre de 1962 se publicó “La primavera silenciosa”, de Rachel Carson, el primer libro divulgativo sobre el impacto ambiental de la actividad humana y de concienciación ecologista. En 1992 se celebró la Cumbre de Río, primera vez que la ONU se plantea reunir a los países miembros para debatir y llegar a un acuerdo en materia de protección de la naturaleza. Sesenta y treinta años después, respectivamente, de los hitos citados, la ONU sigue debatiendo en el vacío sobre qué medidas deben tomarse para frenar la pérdida de biodiversidad y la destrucción de los hábitats. Tras 15 cumbres sobre este asunto, el planeta continúa su degradación. ¿Cuántas cumbres más serán necesarias para revertir la situación?

Artículo que publicado en eldiario.es:

https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cumbre_132_9809711.html

miércoles, 8 de mayo de 2019

EL ASESINO SILENCIOSO

Hace unos días, la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES son sus siglas en inglés), organismo dependiente de la ONU, que agrupa a 132 países, se reunió en París para analizar el estado de los ecosistemas mundiales y su biodiversidad, y sus conclusiones no pueden ser más claras, a la vez que preocupantes.
Se calcula que existen unas 30 millones de especies animales y vegetales distintas en el mundo. De todas ellas, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cifra en un millón las que se encuentran en peligro de extinción y en 17.000 las amenazadas. Para el 2020 la diversidad de especies se puede haber reducido en un 33%. Además, muchas de esas especies habrán desaparecido sin que ni siquiera hayan sido descubiertas por la ciencia.
Especialmente alarmante es la desaparición de los insectos, y de entre ellos, las abejas, responsables de la polinización de las plantas, muchas de ellas comestibles, por lo que se pone en riesgo la alimentación de la especie humana en las próximas décadas. Un ejemplo cercano en nuestras ciudades es la escasez de gorriones; se calcula que 30 millones de ejemplares han desaparecido en los últimos 10 años en España, debido principalmente al uso masivo de insecticidas tóxicos, como el glifosato que se usa en nuestros parques y jardines, el aumento de la contaminación del aire, los niveles de ruido y la reducción de espacios donde construir nidos.
Algunos expertos hablan ya de la 'sexta extinción', habiendo ocurrido las cinco últimas en el periodo que va desde hace 440 y 65 millones de años, la última de las cuales hizo desaparecer a los dinosaurios. Esta sexta extinción tiene un solo responsable, el ser humano y nuestro modo de vida.
La directora del Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU, Cristiana Pașca Palmer, se refiere a este problema como "el asesino silencioso", porque, a diferencia del cambio climático, cuyos efectos percibimos día a día (récords de temperatura, inundaciones, sequías, desertificación, …) la pérdida de biodiversidad, es decir, de la variedad de especies, su diversidad genética y sus hábitats, no es advertida por nosotros, ya que estamos cada vez más alejados de la naturaleza.
Las causas de este descenso brutal en la biodiversidad son conocidas. En primer lugar, la pérdida de hábitats, por la transformación de los paisajes naturales y el cambio en los usos del suelo para su aprovechamiento económico, principalmente por la agricultura y la construcción. En la Región de Murcia, esto se ha puesto de manifiesto con el aumento de los regadíos de forma exponencial, a menudo de forma ilegal, como se ha visto recientemente con la denuncia de la CHS, que ha descubierto más de 3.600 has. de superficie ilegal de regadíos, aunque los colectivos ecologistas cifran en cerca de 20.000 las hectáreas roturadas de ese modo.
La introducción de especies invasoras es otra causa de la pérdida de biodiversidad, ya que desplazan a las especies autóctonas. En Europa, una de cada tres especies está en peligro crítico de extinción por esta amenaza. En nuestra región, especies acuáticas exóticas como el cangrejo azul, la gambusia, la babosa negra, el cangrejo rojo, el mejillón cebra o el galápago de Florida (surgido de individuos domésticos provenientes de tiendas de animales) amenazan a las especies del río Segura y el Mar Menor, además de otras como el mosquito tigre, especialmente molesto, o el arrui, competidor de la cabra montés, modifican la diversidad en montes y riberas.
Otra actividad humana que amenaza a la biodiversidad es la caza. La introducción de especies cinegéticas en el medio procedentes de granjas, la muerte de aves rapaces protegidas por disparos, la acumulación de plomo venenoso en los campos provenientes de perdigones o la colocación ilegal de cebos envenenados en los cotos de caza son algunas de las causas que producen la pérdida de biodiversidad. La contaminación en sus diversas vertientes (atmosférica, acuática, lumínica y acústica) también contribuye a este mal, junto al cambio climático, ya que el aumento de la temperatura media de los mares y el planeta en general trae como consecuencia el desplazamiento de las especies a latitudes donde antes no estaban presentes, sustituyendo a las especies autóctonas y modificando los ecosistemas.
Ahora que la juventud en el mundo está movilizada por el clima, es el momento idóneo para que la sociedad también se haga eco de la denuncia del colectivo científico que, desde París, nos alerta de esta gran amenaza que es la pérdida de biodiversidad, el segundo problema más importante a nivel global tras el cambio climático.
Artículo aparecido ayer en eldiario.es:

domingo, 24 de diciembre de 2017

ESPAÑA APUESTA POR LA SOBREPESCA

Hace unos días los países miembros de la UE, tras muchas horas de negociación, llegaron a un acuerdo para fijar las cuotas de pesca para el año 2018, los llamados Totales Admisibles de Capturas (TAC). Una vez más, España, a través de la ministra de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, ha preferido continuar con la sobreexplotación de los mares antes que garantizar las reservas pesqueras para el futuro. Lo que la ministra denomina “mejoras sustanciales” en la cuota de capturas supone, en realidad, mantener la presión sobre las especies comerciales, como la merluza, el jurel, el rape, el gallo, el lenguado, el atún rojo o la caballa, entre otras, poniendo en peligro su conservación.
“España defiende esta postura insostenible sin tener en cuenta que, de seguir con estas prácticas, además de esquilmar los mares y modificar los ecosistemas, los empleos que se dice defender se verán afectados negativamente”
Frente a la propuesta de la UE de rebajar las cuotas, siguiendo las advertencias de los informes técnicos que así lo aconsejan, debido a la situación de insostenibilidad en la que se encuentran muchas de las especies, el Gobierno español insiste en aumentar las capturas. Así, los expertos recomendaban una reducción en un 30% en la captura de merluza del caladero sur. Sin embargo, España ha conseguido que esa reducción se rebajara al 12%, incrementando la presión sobre esa especie. La negociación del Gobierno español, que ha cedido a las presiones del lobby de la pesca, Cepesca, asociación empresarial que agrupa a pescadores y armadores españoles, supone un aumento de 6.000 toneladas en la cantidad pescada para la flota de Gran Sol, el Golfo de Vizcaya y del Golfo de Cádiz. España es el país europeo con porcentajes más altos de sobrepesca, pescando un 38% por encima de la cantidad recomendada por los científicos para el mantenimiento óptimo de los caladeros, entre 2001 y 2017, es decir, casi un millón de toneladas de pescado de más, según un informe del Observatorio Corporativo Europeo (Corporate Europe Observatory).
El propio Ministerio de Pesca admite que el Mediterráneo está esquilmado. El 93% de las variedades objeto de pesca en este caladero están en mal estado, pero se sigue aumentando su captura, llevados por la búsqueda de beneficios inmediatos. Esta situación puede traer consecuencias contrarias a las que se quiere conseguir al defender este nivel de capturas. Los datos del Ministerio de Agricultura y Pesca indican que, entre 2011 y 2016, a pesar del aumento de las capturas, la flota ha ido disminuyendo año tras año, sobre todo en la flota artesanal, es decir, en la mayoría del sector pesquero. Greenpeace denunció, ya en 2013, en su informe Empleo a bordo, que se habían destruido más de 50.000 empleos en los 20 años anteriores y que, de no cambiar, en los próximos años se perderían otros 14.000 más. La flota industrial, que es la que recibe mayoritariamente subsidios por parte de las instituciones, es la máxima responsable del agotamiento de los mares. En todo el mundo se reparten anualmente 30.000 millones de dólares en subvenciones a la pesca, el 70% de las cuales van a parar a países ricos (entre ellos España, que ha recibido 1.100 millones de euros) y a prácticas insostenibles e incluso ilegales.
El Gobierno español vuelve a utilizar el argumento de la creación de puestos de trabajo para defender esta postura insostenible de mantenimiento de la sobrepesca, sin tener en consideración que, de seguir con estas prácticas, además de esquilmar los mares y modificar los ecosistemas, los empleos que se dice defender se verán afectados negativamente. La solución debe venir por la aplicación de criterios de pesca sostenible, es decir, aquella que garantiza el mantenimiento de la diversidad y disponibilidad de los recursos pesqueros. Estas prácticas, resumidas en el Código de Conducta para la Pesca Responsable de la FAO, pasan por aplicar el principio de precaución cuando falte información científica fiable sobre el estado de las pesquerías, declarar reservas marinas como parte integrante del plan de ordenación, no operar en áreas ni en hábitats sensibles, proteger áreas importantes como las zonas de reproducción y de alevinaje, promover la pesca artesanal, minimizando los descartes y evitando el uso de métodos destructivos como el arrastre de fondo o el uso de explosivos y venenos y, en resumen, mantener las poblaciones de todas las especies objetivo en un nivel saludable, así como operar de manera social y económicamente justa y responsable. Sólo así se garantizará que dispongamos de pescado en nuestros platos en el futuro.
Artículo aparecido hoy en La Crónica del Pajarito:

jueves, 16 de junio de 2016

EL PAISAJE SONORO, INDICADOR DE LA SALUD DE LOS ECOSISTEMAS


Recientemente ha aparecido en los medios una noticia que ha pasado desapercibida entre la vorágine de la campaña electoral, las últimas declaraciones de los líderes políticos (porque todos son hombres) y las insufribles tertulias sobre los resultados futbolísticos de “la roja”. El músico y ecologista norteamericano Bernie Krause se ha dedicado durante décadas a grabar los sonidos de la naturaleza, a lo largo y ancho del planeta. Su catalogo incluye miles de horas de grabación de sonidos procedentes de más de 15.000 especies animales terrestres y marinos (sonidos a los que llama biofonías), pero también de sonidos producidos por la parte no biológica de los ecosistemas (las geofonías) y sonidos no musicales producidos por el ser humano (las antrofonías, más comúnmente conocidas como ruido). Estos tres factores, combinados entre sí, forman lo que se llama el paisaje sonoro.
“La extinción de especies en las ciudades ya se comprueba con la reducción de las poblaciones de gorriones, de algunas rapaces o la desaparición de las abejas”
Pues bien, se ha hecho público un fenómeno que ya sabemos por los estudios científicos, pero es la primera vez que esto se pone de relieve a través del sonido (aunque más bien deberíamos decir de su ausencia): la desaparición a marchas forzadas de miles de especies, debido principalmente al cambio climático, a la explotación de los recursos naturales y a la destrucción de hábitats. Krause grabó de forma periódica el paisaje sonoro del Parque de Sugarloaf Ridge, en California, entre 2004 y 2014. La audición de esas grabaciones nos informa de un hecho espeluznante. En esos 10 años, se ha pasado de una mezcla cacofónica de sonidos de aves, sobre todo (aunque también de otros grupos que contribuyen de un modo menos evidente al paisaje sonoro, como anfibios, reptiles o insectos, entre otros) a la casi totalausencia de sonidos, reflejándose la extinción de especies de un modo dramático, a través del silencio. De hecho, el propio Krause reconoce que el 50% de los sonidos naturales captados y registrados por él desde los años 60, o bien han desaparecido, o bien han sido radicalmente modificados por la acción humana. Los estudios científicos predicen que en 2050, la cuarta parte de las especies habrán desaparecido, muchas de ellas sin que ni siquiera las hayamos descubierto.
A nivel más cercano, es evidente que el paisaje sonoro de nuestras ciudades y campos se ha visto modificado de modo palpable. Las amenazas que sufren el lobo ibérico, el oso pardo, el águila imperial o el urogallo, por citar algunos de los más espectaculares, transforman el paisaje sonoro de los ecosistemas naturales. Aunque estas especies constituyen la punta del iceberg. Se calcula que más de 150 especies animales están en riesgo de desaparición en nuestro país. Las ciudades también sufren el impacto sonoro de la extinción. La transformación de paisajes silvestres, eliminando árboles viejos con oquedades, suprimiendo la vegetación de ribera de los ríos, la contaminación atmosférica y la lumínica, la fumigación de parques y jardines, la excesiva siega del césped de los jardines, la urbanización salvaje sin orden ni planificación, el diseño de plazas desprovistas de arbolado, son factores que contribuyen a reducir la biodiversidad urbana, como ya se comprueba con la reducción de las poblaciones de gorriones, de algunas especies de rapaces o la desaparición de las abejas.
De seguir así, dentro de poco, en nuestras ciudades habrá desaparecido el sonido de las aves, y solamente tendremos que sufrir el ruido del tráfico motorizado y de las obras. Como el propio Bernie Krause afirma, “si se dice que una imagen vale más que mil palabras, un paisaje sonoro vale más que mil imágenes”. El paisaje sonoro es la plasmación sensorial del estado de salud de los ecosistemas. Cuanto mayor sea la variedad y riqueza del abanico de sonidos naturales que nos rodea, mayor será la evidencia del buen estado de conservación de la naturaleza. No dejemos que los paisajes sonoros se empobrezcan.
Articulo publicado en La Cronica del Pajarito:


jueves, 24 de octubre de 2013

LIBEREN A LOS ACTIVISTAS DE GREENPEACE

Hoy hemos sabido que a los activistas de Greenpeace detenidos en el Ártico por los guardias fronterizos rusos les han sido retirados los cargos de piratería, rebajando la acusación a delitos de vandalismo. Desde hace un mes, los 30 miembros de la organización ecologista se encuentran encarcelados en el puerto septentrional de Múrmansk, donde permanecerán en prisión preventiva hasta el 24 de noviembre. Ese cambio de acusación no evita que puedan ser condenados a 7 años de cárcel, por el hecho de intentar encaramarse a la plataforma Prirazlómnaya, propiedad del gigante energético ruso Gazprom. Una pena totalmente desproporcionada a la acción efectuada por los activistas, ese tipo de acción a las que estamos habituados a ver en televisión desde hace décadas y que tan famosos han hecho a Greenpeace.

Rusia pretende "matar al mensajero", descargar el peso de su injusta ley sobre las personas que lo único que han pretendido, como es habitual en ellas, es denunciar los abusos sobre el medio ambiente, en este caso, llamar la atención sobre la intención del gobierno ruso de explotar los yacimientos de petróleo en el Ártico. Y esa es la cuestión de fondo. Aprovechando los efectos del cambio climático, como es la fusión de la capa de hielo que cubre el mar en esa región, Rusia (y otros países como Canadá, EE.UU. y Noruega) pretende hacerse con parte del pastel energético, unas reservas de crudo estimadas en 114.000 millones de barriles de petróleo no descubiertos y 56 billones de metros cúbicos de gas natural, manteniendo así su posición privilegiada de segundo mayor exportador de combustibles fósiles del mundo.

Pero esas actividades extractivas suponen una amenaza al ya frágil ecosistema ártico, aquejado de alteraciones que afectarán al resto del planeta. El Ártico se calienta a una velocidad tres veces mayor a la del resto del mundo, lo que implica que los ecosistemas de la región encontrarán, con toda probabilidad, puntos de no retorno. Por la aceleración de la pérdida de hielo que se ha registrado, se producirán cambios abruptos en muchos de sus ecosistemas (extinción de especies, liberación de metano del permafrost, acentuando el calentamiento global, liberación de agua dulce, modificando las corrientes marinas, aumento del nivel del mar...). 

La extracción de petróleo tendrá, además, consecuencias negativas, como la contaminación por vertidos de crudo, posibilidad que se multiplica debido a las extremas condiciones en las que se trabaja, con temperaturas bajísimas y seis meses de oscuridad al año. La limpieza de la zona en caso de accidente se vería dificultada por esas condiciones, por lo que las consecuencias serían aún más devastadoras.

La actitud de Rusia con respecto a los activistas detenidos es intolerable. El atropello a los derechos de la ciudadanía en Rusia es un hecho al que empezamos a estar habituados, como la condena a dos años de cárcel a las integrantes del grupo punk Pussy Riot por realizar una performance en una iglesia, el asesinato de periodistas críticos con el régimen o la detención de opositores a Putin. Algunos países de la comunidad internacional se han volcado en denunciar este hecho y han iniciado acciones legales, como Holanda, que ha presentado un procedimiento de arbitraje sobre la base establecida por la Convención sobre los Derechos del Mar de la ONU, para conseguir la liberación de los activistas de Greenpeace detenidos.

Las intenciones de Rusia de continuar con las prospecciones de petróleo en el Ártico es una irresponsabilidad, pues, como se ha visto, las consecuencias de un posible accidente afectarían a todo el planeta, y no sólo a una zona restringida. El Ártico debe ser declarado santuario global y patrimonio de la humanidad, prohibiéndose cualquier actividad en esa región. Nuestro futuro depende de ello.

Firma aquí para SALVAR EL ÁRTICO:


Firma en esta página para exigir la liberación de los activistas de Greenpeace:




lunes, 17 de junio de 2013

LA EXTINCIÓN DE LAS ABEJAS, UN PROBLEMA GLOBAL

Hace ya algunos años que saltaron las alarmas. En 2009, científicos y apicultores ya advertían de la drástica reducción de las poblaciones de abejas, debida a varias razones: uso de pesticidas, efecto de un virus, emisiones electromagnéticas, hongos en las colmenas, la contaminación atmosférica o el cambio climático. Dos años más tarde, se constataba que la desaparición de las abejas era un problema global, según un informe de las Naciones Unidas. Las consecuencias de la extinción de las abejas son catastróficas, principalmente por el papel fundamental que juegan en la polinización de las plantas, muchas ellas de importancia económica, por ser de consumo humano. 

Hoy mismo, la cadena de supermercados estadounidense Whole Foods, especializada en alimentos ecológicos y de comercio justo, ha imaginado cómo serían sus estanterías si las abejas se extinguieran. El resultado ha sido que el 52% de los productos desaparecerían, entre ellos alimentos tan corrientes como zanahorias, cebollas, aguacates, manzanas, brócolis, pepinos o limones. El 85% de las especies vegetales se reproducen gracias a la polinización realizada por insectos. El impacto sobre la alimentación humana sería terrible.


Según un estudio realizado por el ministerio de Agricultura de EE.UU., cerca de la tercera parte de sus colonias de abejas han desaparecido durante el invierno 2012-2013. Este dato confirma lo que se sospechaba. ¿Qué futuro nos espera sin el efecto beneficioso de estas especies de himenópteros? Como se ve, la consecuencia inmediata sería la erradicación de nuestra dieta de cientos de alimentos, la modificación de los ecosistemas y la acentuación de la ya grave crisis alimentaria, afectada por la especulación con el precio de los alimentos, la presión de los transgénicos, la privatización de las semillas o los monocultivos dedicados a agrocombustibles.

En el pasado mes de abril, la UE decretó la prohibición temporal de tres insecticidas tóxicos para las abejas, pero solo durante dos años, habiendo cedido a las presiones de las multinacionales que fabrican estos pesticidas (Bayer y Syngenta), con la excusa de que no son tóxicos para los humanos. De seguir así, y si no se prohiben de forma permanente estos productos, la agricultura se vería obligada a utilizar métodos manuales de polinización, como ya se está realizando en China, a partir de polen importado, con el consiguiente aumento de los costes y, por tanto, de los precios que pagarían los consumidores. 

Aunque para mucha gente, el hecho de que se extingan las abejas supone un mal menor, por puro desconocimiento, este es un ejemplo claro de que la desaparición de una pequeña parte del reino animal tiene un efecto amplificado en los ecosistemas y que afecta directamente a la especie humana. La única solución pasa por la potenciación de la agricultura ecológica, que se adapta a los ritmos de la naturaleza y que, precisamente, aprovecha la inestimable ayuda de los polinizadores naturales, además de prescindir de todo tipo de pesticidas, herbicidas y demás productos químicos tan perjudiciales para la salud.

martes, 7 de mayo de 2013

FRENEMOS LA EXTINCIÓN

Las especies animales están desapareciendo a un ritmo nunca antes alcanzado desde que la especie humana campa a sus anchas por el planeta. Ayer mismo supimos que el rinoceronte negro ha sido declarado oficialmente extinto, debido sobre todo a la caza furtiva, para arrancarles el cuerno, por la supersticiosa creencia de que posee propiedades afrodisíacas y curativas. Este animal es uno más en la lista de especies desaparecidas a lo largo de este siglo, como la tortuga de las Galápagos (Chelonoidis abingdoni), el zampullín de Madagascar, la foca monje del Caribe, o el delfín baiji, entre otros. En España, la cabra de los Pirineos o bucardo desapareció en el año 2000; el último ejemplar murió al caer de un árbol. A ese número habrá que añadir las especies extintas de las cuales ni siquiera hemos sabido de su existencia.

A esta lista de animales que nunca más veremos con vida se suman las especies que están en serio peligro de extinción por causas antrópicas, principalmente por el cambio climático. Recientemente el WWF publicó el listado de las 10 principales especies en peligro. Lo encabeza el oso polar, cuya fragilidad va asociada a la fusión del hielo ártico, seguido por el tigre de Bengala, cuyo hábitat son los manglares, amenazados por el aumento del nivel del mar. Otras especies, como los corales, el canguro, las ballenas, los pingüinos, las tortugas de mar, el orangután, el elefante o el albatros, tan familiares para nosotr@s, corren el riesgo de ser meros recuerdos plasmados en películas, fotografías o reliquias encerradas en cautividad.

Pero no hace falta irse a latitudes lejanas para lamentar la pérdida de especies. En España, la lista de especies en peligro incluye mamíferos como la ballena vasca (Eubalaena glacialis), la foca monje del Mediterráneo, el visón europeo, el lince, el desmán ibérico, el murciélago patudo y el oso pardo; anfibios como el sapo partero; y aves como el milano real, el quebrantahuesos, el alcaudón, el escribano palustre, el pinzón azul, el zarapito real, la avutarda hubara, el urogallo y el alimoche canario. En nuestros pueblos y ciudades, unos compañeros tan habituales como los gorriones son cada vez más raros. Se sospecha que su extinción se debe a las radiaciones electromagnéticas de las antenas de telefonía móvil, cada vez más frecuentes en los tejados de los edificios. 


La ocupación y destrucción de los hábitats, la sobrepesca, la deforestación, la fragmentación y  aislamiento de poblaciones en "islas" desconectadas entre sí, la contaminación en sus diferentes vertientes (atmosférica, acuática, la ya citada contaminación electromagnética), así como el cambio climático son las principales causas de la extinción de las especies, todas ellas, como se ve, de origen antrópico. A ello hay que añadir la introducción de especies alóctonas (es decir, procedentes de otros lugares), introducidas de forma artificial (accidentalmente o no) en los ecosistemas o empujadas por los cambios ambientales. En relación a esto, hay que resaltar que el gobierno español, a través del Ministerio de Medio Ambiente, está ultimando un Real Decreto sobre especies exóticas invasoras que permitirá de nuevo la comercialización de casi 200 especies incluidas en el actual listado de especies peligrosas para la biodiversidad española. Además, dejará abierta una puerta para que cada comunidad autónoma decida si introduce una especie exótica en el medio natural sin tener en cuenta criterios científicos de ningún tipo. Esta nueva norma, pensada con criterios puramente economicistas, constituirá una competencia directa con las especies autóctonas, acelerando su extinción.


La existencia de programas de recuperación y reintroducción de especies concretas, como los que lleva a cabo la Junta de Andalucía, con planes para recuperar las poblaciones de lobo, camaleón, águila perdicera, lince, etc, o en la Región de Murcia, con los planes de recuperación de aves rapaces, no son sino un parche, porque siempre habrá otras especies en peligro, debido a las causas enumeradas anteriormente. Si al tiempo que se implementan esos planes, continúa la urbanización salvaje, la ocupación de hábitats y la multiplicación de infraestructuras, la extinción de las especies animales continuará a un ritmo sostenido sin que podamos evitarlo.

La no proliferación de infraestructuras que aislan hábitats; la creación de corredores ecológicos que conecten espacios naturales entre sí, permitiendo la movilidad de las poblaciones animales; la persecución de la pesca ilegal y el fomento de la pesca artesanal frente a la industrial; un mayor control de la actividad cinegética y del furtivismo; la programación de campañas de concienciación para que no se compren especies exóticas, a menudo procedentes del tráfico ilegal; el aumento de fondos de ayuda a países en vías de desarrollo, lugares donde se produce la mayor tasa de deforestación y, por tanto, de destrucción de hábitats.... Estos son algunas de las medidas que se deberían llevar a cabo para revertir la situación, pues la biodiversidad es uno de los activos más importantes de nuestro planeta y la garantía de la supervivencia de la especie humana en el futuro. 

Las especies son como ladrillos en la construcción de un edificio. Podemos perder una o dos docenas de ladrillos sin que la casa se tambalee. Pero si desaparece el 20% de las especies, la estructura entera se desestabiliza y se derrumba. Así funciona un ecosistema. (Donald Falk, ecólogo de la Universidad de Arizona)