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miércoles, 8 de septiembre de 2021

OTRO MAR MENOR ES POSIBLE


Foto: Diego Montana

Tras la lamentable intervención de López Miras en la rueda de prensa motivada por la muerte masiva de peces en las orillas del Mar Menor el pasado 16 de agosto, en la que se autoproclamaba 'salvador' de la albufera, tirando balones fuera, sin un atisbo de autocrítica y responsabilizando al Gobierno central de su propia permisividad e inacción ante el aumento exponencial de regadíos ilegales y vertidos descontrolados, el Gobierno regional ha iniciado una campaña de desinformación a través de organismos y columnistas afines para descargar la responsabilidad a los principales causantes de la degradación a ojos vista del Mar Menor, aunque no los únicos: la agroindustria.

Así, la Fundación Ingenio, aparecida en mayo de 2020 como reacción de un sector de la agricultura, y cuyos objetivos teóricos son “poner en valor una agricultura responsable, comprometida e innovadora”, no ha tenido empacho en afirmar, a través de su directora, Natalia Corbalán, que "ya no hay vertidos de la agricultura actual hacia el Mar Menor”, como si el mero hecho de decirlo fuera a convertirse en realidad. Además, la directora de la Fundación no desaprovecha la oportunidad para acusar a los grupos ecologistas, a los que califica de “activistas radicales”, de ser un “lobby hiperfinanciado”. Esta organización se plantea, además, crear un movimiento de “chalecos verdes”, al estilo de los “chalecos amarillos” franceses, a través de un ente del que poco se sabe, denominado 'Ecologismo y Sociedad', pero que ya intuimos que de ecologista tiene poco.

También la Cátedra de Agricultura Sostenible del Campo de Cartagena (sic) de la UPCT, creada en 2017 con la colaboración, curiosamente, de la Federación de Cooperativas Agrarias de Murcia (FECOAM), la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y con la participación de trece empresas y cooperativas agrícolas de la zona, se centra más en buscar soluciones tecnológicas, básicamente sistemas de desnitrificación de salmueras, antes que incidir en el origen del problema.

En otra categoría encontramos artículos de personas pertenecientes al ámbito universitario, pero no especialistas en la materia, y de la órbita del PP, como el exalcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara o el exdirector general de Transportes, Salvador García Ayllón, repitiendo el mantra oficial de que la culpa del deterioro del Mar Menor no es de la agricultura y que para solucionar el problema hay que dragar las golas y vaciar el acuífero cuaternario para depurarlo y echar los residuos salobres al Mediterráneo, soluciones ambas rechazadas por la amplia mayoría de científicos que, esta vez sí, han estudiado el ecosistema marmenorense desde hace décadas. El paroxismo llegó con la visita a la zona del líder de Vox Iván Espinosa de los Monteros declarando de forma provocadora que "se debería incrementar, y mucho, la zona de regadío” y acusando a los ecologistas de “responder a incentivos ideológicos, muy distintos a los de la preservación del medio ambiente”. No se me ocurre otra razón de ser de los ecologistas que la defensa del medio ambiente, pero en fin.

Ante esta ofensiva de carácter ideológico, con la que se persigue perpetuar un modelo agrícola contaminante y cortoplacista, basado en la propuesta de medidas ineficaces para salvar el Mar Menor y la descalificación de todo aquel o aquella que ose desmontar la versión oficial, se alzan voces autorizadas que gritan a los cuatro vientos que otro Mar Menor es posible, aunque con poco éxito. Entre el colectivo agrícola, no todos practican los métodos intensivos. Al contrario que las grandes empresas agropecuarias, hay pequeños agricultores que usan métodos agroecológicos y que intentan recuperar, además, variedades de frutas y hortalizas que están en peligro de extinción, aunque la superficie cultivada con estos métodos es aún pequeña, algo más de 3.000 hectáreas en el Campo de Cartagena, un 5% del total.

El Gobierno regional ha intentado dar un barniz científico a su intento de erigirse como 'salvador' del Mar Menor, montando un foro con el rimbombante nombre de 'Ciencia para recuperar el Mar Menor', en el que han participado científicos de las tres universidades de la Región (UMU, UPCT y UCAM) que no han hecho sino apoyar las medidas anunciadas por el gobierno regional, pero sin contar con los que proponen soluciones diferentes a la versión oficial. Muchos de estos científicos, pertenecientes a las Universidades de Murcia, Cartagena y Alicante, al CSIC, al Instituto Español de Oceanografía y a la Fundación Nueva Cultura del Agua, especialistas todos ellos en el estudio de la laguna, algunos de los cuales dimitieron del Comité Científico de Seguimiento del Mar Menor por desavenencias con la Comunidad Autónoma, firmaron un comunicado en 2019 en el que se reafirmaban en su postura de responsabilizar a los vertidos provenientes de la agricultura y otras actividades como el turismo de la agonía del Mar Menor.

El Gobierno regional y sus mensajeros insisten en no responsabilizarse de su obligación de vigilar y, en su caso, sancionar las actividades que han llevado a Mar Menor a su situación actual y, por supuesto, de desmontar las 8.500 hectáreas ilegales. Pero todavía hay una esperanza, si se atiende la opinión de los agricultores sensatos y sostenibles y al consenso de la mayoría de la comunidad científica, que hacen propuestas cuyo único fin es salvar al Mar Menor, no huir hacia adelante para continuar con esta carrera desenfrenada hacia el colapso de la laguna litoral más grande del Mediterráneo Occidental.

Articulo publicado hoy en eldiario.es:

https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/mar-menor-posible_132_8278529.html

martes, 31 de julio de 2018

DEGRADACIÓN A TODA COSTA

Acaba de publicarse el informe “A toda costa”, redactado por Greenpeace, en el que se analiza la evolución y estado de conservación de los bienes y servicios que proporcionan las costas españolas. En él se pueden leer algunos datos muy preocupantes. Lo más grave es que el 80% de los recursos ambientales que provee la costa están degradados debido a la urbanización masiva. El 36,5% de la línea de playa de España está urbanizada y más de un tercio de los ecosistemas colindantes con las playas han sido destruidos por la acción humana. Además, disminuye la superficie de ecosistemas que nos brindan servicios ambientales, es decir, aquellos recursos o procesos de los ecosistemas naturales (bienes y servicios) que benefician a los seres humanos, como alimentación, control de la erosión, diversidad genética, conservación de especies, amortiguación de inundaciones o el simple disfrute por parte del ser humano.
“Cuando los científicos ponen de relieve que no se hace caso de sus recomendaciones, como en lo referente al Mar Menor, la respuesta del Gobierno regional ha sido a base de descalificaciones y mentiras”
De todas las comunidades autónomas, Cataluña es el territorio que mayor porcentaje de costa tiene degradada, debido principalmente a las construcciones humanas, con un alarmante 26,4%. Le sigue la Comunidad Valenciana, con un 23,1% de superficie improductiva de servicios ambientales, y casi tres cuartas partes de su línea de playa urbanizada (74,3%), siendo en este caso la primera comunidad autónoma de litoral más urbanizado. Andalucía, con 910 km. de costa, va en tercer lugar en cuanto a degradación del litoral, con el 40% construido y el 15,3% de costa degradada. Le siguen Euskadi (12,8%) y la Región de Murcia.
Detengámonos en nuestra comunidad. De los 274 kilómetros de costa, el 12,5% presenta un cierto grado de degradación. Además de destacar que nuestra región es la peor en cuanto a la superficie de espacios naturales protegidos sin planes de ordenación (el 43% de la superficie protegida carece de herramientas de planificación), el informe pone de relieve, como era de esperar, el deterioro del Mar Menor, acentuado, como es sabido, por la deficiente depuración de las aguas residuales y los efectos de los vertidos de residuos agrícolas a la laguna. De los diferentes servicios ecosistémicos prestados por los espacios costeros de la Región de Murcia, el estudio valora negativamente casi todos ellos, pero sobre todo tres. En el periodo 2005-2014, han aumentado en más de un 20% las áreas desprovistas de vegetación, lo que acentúa el riesgo de erosión. Además, los hábitats sensibles para especies amenazadas perdieron más de 3.000 hectáreas en esos nueve años, lo que supone una reducción de un 3,5% de su superficie. Por último, entre 1987 y 2014, un 5,1% de los paisajes han perdido su carácter natural, debido a un aumento de un 59% de superficies artificiales.
Las principales causas de la degradación de las costas españolas que la organización ecologista apunta son la urbanización, el turismo de masas, los grandes incendios forestales, la agricultura industrial y la deforestación. Como soluciones deseables, se habla de reducir el consumo excesivo de los recursos finitos de los ecosistemas, aplicar las herramientas de gestión de los espacios naturales protegidos, así como poner en marcha alternativas de desarrollo económico basadas en la conservación para que éste sea económicamente más rentable que la degradación de ecosistemas y sus servicios, como es el caso del sector agrícola local y ecológico, con una menor huella de carbono, evitando los cultivos industriales (monocultivos, invernaderos y regadíos) en pro de técnicas de cultivo más sostenibles. Evitar tanto la deforestación como el aumento de la interfaz urbano-forestal, a través una correcta planificación urbanística que limite la proliferación de urbanizaciones son otras de las medidas que se proponen. Por último, para la conservación y la puesta en valor de los servicios culturaleses imprescindible la ordenación de todos los espacios naturales protegidos con obligación legal de contar con instrumento de gestión (PORN o PRUG).
Como se puede comprobar, muchas son las medidas que se pueden y se deben aplicar para que nuestras costas no continúen por la senda de la destrucción. Desgraciadamente, los diferentes gobiernos y, especialmente, el Gobierno de la Región de Murcia, no tienen prisa en revertir esta degradación. Al contrario, cuando los científicos ponen de relieve que no se hace caso de sus recomendaciones, como en lo referente al Mar Menor, la respuesta del Gobierno regional ha sido a base de descalificaciones y mentiras, en vez de seguir los consejos de los verdaderos expertos en la materia. Desgraciadamente, esa es la actitud a la que nos tienen acostumbrados, actitud y actuaciones que han llevado a nuestras costas a esta situación, difícilmente reversibles. Aún se está a tiempo de dar un giro a la situación, pero hace falta una voluntad política que el Gobierno regional no parece dispuesto a demostrar.
Artículo aparecido hoy en La Crónica del Pajarito:

miércoles, 21 de febrero de 2018

ADAPTARNOS A LA ESCASEZ DE AGUA, LA ÚNICA SALIDA

El momento ha llegado. Tras años de advertencias por parte de científicos y organizaciones ambientalistas, la consecuencia más perjudicial y más temida para el ser humano debida al cambio climático está teniendo lugar en Africa Austral: la falta de agua potable para el consumo. El pasado 13 de febrero, las autoridades de la región de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, advirtieron que, para el próximo 11 de mayo, no saldrá una sola gota de agua de los grifos, debido a la sequía que padece la zona desde hace tres años, siendo éstos los más secos desde que se tienen registros, y 2017 el peor con tan solo 153,5 milímetros de lluvia acumulada. De aquí a entonces, los habitantes de la ciudad sudafricana tendrán limitado el acceso al agua potable a un total de 25 litros por persona y día, cantidad que se sobrepasa con una ducha de dos minutos y tirar una vez de la cadena.
“En Australia, Israel o Kuwait ya se están implementando soluciones como la desalinización movida por energía solar, la mejora en el reciclaje de las aguas residuales o la instalación de tanques de recogida de aguas pluviales en los edificios”
Son los primeros signos de un problema global que, según los expertos, pueden traer como consecuencia más extrema la “guerra del agua”. Según la ONU, 750 millones de personas en el planeta carecen de acceso al agua potable y casi dos millones fallecen cada año por razones relacionadas con este problema. Para 2030, la demanda de agua será un 40% mayor, por el aumento de población y su concentración en las ciudades, y en 2025 dos de cada tres personas en el planeta sufrirán restricciones en su suministro de agua. Muchos conflictos actuales, como la interminable guerra de Siria, tiene como parte de su origen una prolongada sequía que asoló el país entre 2007 y 2010, expulsando a cientos de miles de personas de las tierras y ciudades de Siria, donde fueron marginadas.
En Europa, nuestro país es en el que la sequía está siendo más severa. Desde que comenzó el año hidrológico, en España ha llovido un valor medio de 231 litros por metro cuadrado, un 28 por ciento menos que el valor medio normal. A pesar de las lluvias que han aliviado la situación en el norte del país, la reserva hidráulica española está ahora al 42,94% de su capacidad total, siendo especialmente grave en las cuencas del Guadalquivir (32,9%), del Tajo (37,61%), del Duero (37,90%) y, sobre todo, en la cuenca del Segura (16,2%). En Sudáfrica se estima que cuando los embalses que abastecen a la población lleguen al 13,5% de su capacidad se llegará al punto crítico del llamado “día cero” en el que el ejército se encargará de la distribución de agua potable en alguno de los 200 puntos habilitados para ello.
Sin llegar aún a ese extremo en otras zonas del mundo, es necesario empezar a anticiparse a esta situación que será cada vez más frecuente, aprendiendo de las experiencias desarrolladas en otros países, como Australia, Israel o Kuwait. Así, ya se están implementando soluciones como la desalinización movida por energía solar, la mejora en el reciclaje de las aguas residuales o la instalación de tanques de recogida de aguas pluviales en los edificios. En este sentido, es significativo que la Comisión Europea tiene abiertos contra España cinco procedimientos de infracción de la Ley de Aguas, al incumplirse los plazos para implementar la Directiva 91/271/CEE, sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas, y hay depuradoras urbanas señaladas por Europa que siguen sin estar ejecutadas o funcionando correctamente.
Pero lo más acuciante debe ser la reducción en el consumo de agua. Es sabido que el 80% del agua es usada en la agricultura y la ganadería. Ya hay experiencias que consiguen reducir considerablemente el uso de agua para los cultivos, como la realizada por la Facultad de Farmacia y la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla, al desarrollar la técnica llamada de “riego deficitario controlado”, que consiste en reducir al máximo el riego en la fase de cultivo más resistente e ir incrementando el suministro de agua conforme comienza la fase de cultivo más sensible al estrés, consiguiendo un ahorro del 50% en agua de riego. Otras innovaciones son la aplicación de la “agricultura vertical”, que no requiere de suelo para la producción de alimentos y donde todos los recursos que se emplean –agua, fertilizantes, luz, energía– están controlados dentro de un sistema que favorece la recirculación el agua y se optimiza la energía empleada; o la permacultura, un sistema de producción agrícola basado en principios como la conservación del suelo o el bajo impacto ambiental de la producción, etc.
En definitiva, debemos adaptarnos, modificando el paradigma con el que nos hemos regido en las últimas décadas y aprendiendo de las experiencias y las investigaciones que nos brinda la ciencia. Sólo así estaremos preparados para el nuevo escenario que se nos presenta de escasez de agua.
Artículo aparecido hoy en La Crónica del Pajarito:

domingo, 8 de octubre de 2017

LA SEQUÍA OBLIGA A UN CAMBIO DE MODELO

Este otoño está camino de ser el más seco desde que se tienen registros. El pasado mes de septiembre ha sido el que menos precipitaciones se han registrado en este siglo XXI, ya que la precipitación media ha sido en España de 15 litros por metro cuadrado, lo que supone el 33% de la media de este mes. Los pantanos españoles están bajo mínimos: en la vertiente atlántica, los embalses están al 39,4% de su capacidad media, mientras que en la vertiente mediterránea, esa cifra desciende al 37,14%.
Pero esta cifra media esconde la situación crítica de la cuenca del Segura, cuyos pantanos están al 14%. La cuenca del Ebro, ese río al que los defensores de los trasvases acusan de “tirar el agua al mar”, está por debajo del 50% de su capacidad, y la del Tajo un poco por encima del 40%, por lo que las dos cuencas de las que los regantes de la Región de Murcia siempre han reclamado agua para seguir desarrollando los regadíos no están en condiciones de exportarla. En cuanto a las temperaturas, aunque la media en España ha sido la normal en esta época del año, con 20,6ºC, el mes de septiembre ha reflejado una desigual distribución de los valores, superándose los 38ºC en algunos puntos de Andalucía en algún momento.
“Obviar la gran voracidad que la agricultura tiene sobre los recursos hídricos es cerrar, una vez más, los ojos ante el modelo agrícola insostenible que se practica de forma mayoritaria en nuestra región”
La Región de Murcia tampoco ha sido ajena a la sequía y a los valores térmicos extremos para esta época del año. Así, la temperatura media en nuestra región durante el mes de septiembre ha sido de 22,5ºC, casi dos grados por encima del valor medio nacional, habiéndose superado los 38ºC en algún día puntual, mientras que la precipitación media en la Región fue de 5 litros/m2, lo que supone tan solo el 21% del valor normal.
Todos estos datos reflejan, por tanto, que estamos atravesando una sequía que ya se está convirtiendo en estructural, y en el que el cambio climático no es ajeno. La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD) acaba de presentar en la ciudad china de Ordos el estudio Perspectiva Global de la Tierra. En él se pone de relieve que la escasez de agua está "muy extendida en regiones densamente pobladas tales como India, Asia, el oeste de los Estados Unidos y España”, incluyendo a nuestro país en las zonas con grave peligro de desertificación.
Ante esta perspectiva, el gobierno de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, a través de la consejera de Transparencia, Participación y Portavoz, Noelia Arroyo, acaba de advertir de la situación de sequía extrema por la que atravesamos. En su alocución, la consejera aconseja hacer un uso "eficiente y moderado" del agua en "cualquier práctica habitual en el día a día de cualquier ciudadano”, incluyendo actividades cotidianas como “lavar un coche, pegarnos una ducha o lavar un plato”. Mientras carga las tintas en el consumo doméstico, Arroyo exime de cualquier responsabilidad al sector agrícola, alabando su actitud, afirmando que "si hay algo que caracteriza a los agricultores, regantes y al sector relacionado con la agricultura en la Región es la modernización de sus regadíos, el buen uso del agua, la reutilización y lo concienciados que están siempre con el uso del agua”
La consejera Arroyo parece ignorar que el 80% del consumo de agua proviene del sector agrícola, y que sólo el 14% del consumo se realiza en el ámbito doméstico, siendo el 6% restante debido al sector de la industria. Echar sobre los hombros de los consumidores la responsabilidad en el ahorro del agua, obviando la gran voracidad que la agricultura tiene sobre los recursos hídricos es cerrar, una vez más, los ojos ante el modelo agrícola insostenible que se practica de forma mayoritaria en nuestra región, cuyo último exponente lo pudimos comprobar este verano en las ampliaciones de zonas roturadas, destinadas a transformar los secanos tradicionales en regadíos para la exportación.
Es urgente un cambio en el modelo de agricultura en nuestro país en general y en nuestra región en particular, adoptando criterios agroecológicos en los cultivos y no pensando solamente en los grandes beneficios procedentes de la exportación, procedimientos que afectan a la soberanía alimentaria de otros lugares y que contribuyen a la desaparición de las variedades tradicionales. Sólo así podremos adaptarnos a las condiciones cada vez más extremas a las que estamos llegando, con menores precipitaciones y mayores temperaturas, consecuencia directa del cambio climático.
Artículo aparecido hoy en La Crónica del Pajarito:

jueves, 26 de enero de 2017

LOS TRANSGÉNICOS Y AGROQUÍMICOS EN ENTREDICHO

Recientemente he visto un documental muy recomendable, Semillas transgénicas, los pueblos fumigados, realizado por el argentino Cristian Weidmann y el murciano Vicente Cerdán. Este documental nos relata la lucha de una región, las Malvinas Argentinas, en Córdoba, contra la construcción de una planta de procesado de semillas transgénicas, la que iba a ser la más grande de América Latina. Esta zona, rodeada de plantaciones de soja transgénica, sufre altísimas tasas de cáncer y malformaciones en recién nacidos, debido a la utilización masiva, por parte de la multinacional Monsanto, de agroquímicos como el glisofato, principal componente del herbicida denominado Roundup. La lucha de estas familias afectadas por los efectos letales de los herbicidas dio su fruto, al conseguir paralizar la construcción de la planta.
“España es el único país de la UE donde se cultivan transgénicos a una escala importante”
Este episodio, que podría pensarse que es de ámbito local y circunscrito a un país concreto, Argentina, debe hacernos reflexionar sobre el alcance de estas multinacionales, la presencia de los cultivos transgénicos en nuestro país, así como sobre el uso de herbicidas y pesticidas que conllevan efectos perjudiciales para nuestra salud. España es el único país de la UE donde se cultivan transgénicos a una escala importante; el propio Ministerio de Agricultura estima en más de 130.000 las hectáreas dedicadas en nuestro país al cultivo de maíz MON810 (la propia denominación de esta variedad de maíz denota el origen de las semillas, Monsanto), siendo Aragón, Cataluña y Extremadura las tres CCAA donde más se cultiva esta planta, sumando las tres casi la mitad de la producción de maíz trangénico en España. En la Región de Murcia, en 2014 había unas 15 hectáreas destinadas al cultivo de maíz genéticamente modificado. Sin embargo, en países de nuestro entorno como Francia está prohibido su cultivo.
En cuanto al uso del herbicida con glisofato, utilizado para matar las “malas hierbas” en parques y jardines de nuestras ciudades, más de 150 municipios españoles, entre ellos Totana y Santomera, se han declarado libres de este herbicida. El glisofato es uno de los productos fitosanitarios más cancerígenos que existen, según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, organismo dependiente de la OMS, pero, a pesar de ello, organizaciones como la Unión de Pequeños Agricultores de la Región de Murcia rechazaron el pasado mes de abril que este herbicida sea eliminado del mercado. En contrapartida, se acaba de presentar a la Comisión Europea una iniciativa ciudadana para que se prohiba el glifosato en la UE. Para ello, serán necesarias un millón de firmas de, al menos, siete países a favor de su propuesta para obligar a Bruselas a reaccionar en un plazo de tres meses tras la entrega de las firmas. La UE prorrogó el uso de este herbicida en Europa hasta el año 2018, ante la falta de consenso sobre su toxicidad.
“Un efecto colateral del uso de fitosanitarios es la desaparición de abejas y otros insectos polinizadores, envenenados por estos productos”
El uso de semillas transgénicas reduce la biodiversidad y las variedades de plantas tradicionales, afectando a la soberanía alimentaria por obligar al sector agrícola a comprar una y otra vez semillas patentadas, en lugar de obtener sus propias semillas a partir de sus cosechas; desde el punto de vista de la salud, está comprobado que los alimentos transgénicos provocan la aparición de nuevas alergias y, según ciertos estudios, pueden afectar a la fertilidad. Además, estas plantas modificadas genéticamente son cada vez más resistentes a antibióticos y plaguicidas, por lo que se usan en ellos cada vez más cantidad de productos químicos que afectan a la salud. Un efecto colateral del uso de productos fitosanitarios es la desaparición de abejas y otros insectos polinizadores, envenenados por estos productos, lo que supondrá un grave problema para la dispersión del polen de forma natural en un futuro próximo.
Sería deseable que los cultivos de variedades transgénicas desaparecieran de nuestros campos, así como ir eliminando paulatinamente el glisofato y otras sustancias fitosanitarias en cultivos, parques y jardines, declarando la mayor parte del territorio libre de este tipo de productos, por el riesgo para la salud pública que suponen. Las autoridades sanitarias de nuestro país deberían pensar más en la salud de la ciudadanía que en mantener un sistema que sólo favorece a unas pocas multinacionales.
Artículo publicado hoy en La Crónica del Pajarito:

domingo, 18 de septiembre de 2016

LOS TRASVASES, UNA MEDIDA OBSOLETA


Este viernes se reúne el presidente de la CARM, Pedro Antonio Sánchez, con la ministra Tejerina, acompañado del presidente de la CROEM, Jose María Albarracín, que también lo es de la Mesa del Agua, representantes del Sindicato Central de Regantes y la consejera del ramo, Adela Martínez-Cachá, para tratar el asunto del agua en la Región de Murcia. Y lo hace en un momento en que vuelve a salir a la palestra el eterno tema de la falta de agua en nuestra región, tras meses de sequía.
Tal vez es el momento de recordar algunos extremos relacionados con este tema. Es frecuente el posicionamiento en los medios comunicación regionales de personas que defienden los trasvases como única solución a la escasez de agua, con los argumentos falaces de que “hay que traer agua de donde sobra a donde falta” y que “el Ebro tira al mar millones de metros cúbicos de agua cada año”. Esa concepción de los trasvases se basa en considerar a los ríos como meros canales de riego, obviando que son ecosistemas complejos, en cuya evolución se incluyen las crecidas, fenómenos naturales que favorecen la fertilización de las riberas y las vegas adyacentes al cauce, además de que, tal y como explica Alfredo Ollero, profesor de Geografía Física de la Universidad de Zaragoza, es el mecanismo que tiene el río para limpiar periódicamente su propio cauce, cauce que sirve para transportar agua, sedimentos y seres vivos, y con su propia morfología, diseñada por sí mismo, y con la ayuda de la vegetación de ribera, es capaz de auto-regular sus excesos, sus crecidas. Las crecidas distribuyen y clasifican los sedimentos y ordenan la vegetación, y también lo limpian de especies invasoras y de poblaciones excesivas de determinadas especies, como las algas que han proliferado en los últimos años en tantos cauces. Cuantas más crecidas disfruten, mejor estarán nuestros ríos.
“La función primigenia de un río es desaguar el agua que cae en su cuenca, como un sistema de drenaje natural”
En cuanto al agua que desemboca en los mares, y no quese tira, la función primigenia de un río es desaguar el agua que cae en su cuenca, como un sistema de drenaje natural. Asimismo, ese agua dulce que llega al mar cargada de sedimentos desempeña un papel importante en el mantenimiento de otros ecosistemas que, además de su importancia ecológica, tienen un aprovechamiento económico. Así, el delta del Ebro es lugar donde conviven el cultivo de arroz, el marisco y la pesca, del que dependen 60.000 personas. Esos sedimentos son los que nutren de arena a las playas, que también son aprovechadas por el turismo. Como se ve, todo está interconectado.
Los trasvases procedentes de otros ríos, como el Tajo, deben ser el último recurso para abastecer de agua la cuenca del Segura. Numerosas asociaciones conservacionistas, así como la Fundación Nueva Cultura del Agua, consideran que los trasvases son económicamente gravosos, ambientalmente insostenibles, ya que favorecen el traspaso de especies invasoras de una cuenca a otra, además de poner en peligro el mantenimiento óptimo desde el punto de vista ecológico de las cuencas “donantes” y necesitar de multitud de embalses para su funcionamiento, desvirtuando la dinámica natural de los ríos. Los trasvases producen un efecto perverso, como es estimular aquellas actividades económicas que demandan una gran cantidad de agua, como ha pasado en la Región de Murcia, con la multiplicación de regadíos (muy por encima de lo planificado inicialmente) y las infraestructuras turísticas, con los efectos colaterales indeseables que sufrimos, como la degradación del Mar Menor.
Por último, hay otro factor, no menos importante, que hace que los trasvases sean inviables a medio plazo. Me refiero al cambio climático, causa de los periodos cada vez más prolongados de sequía, y razón suficiente para cambiar la visión cortoplacista de demanda de agua a toda costa procedente de otras cuencas, que también sufren los efectos de este fenómeno, por la búsqueda de otras soluciones, que pasan por el cese de las nuevas roturaciones y de la sobreexplotación de los acuíferos, el desarrollo de estrategias de modernización de redes urbanas, con la reutilización de los retornos urbanos, aplicación de medidas de gestión de la demanda, potenciación de la desalación movida por energías renovables y la apertura de un programa de reconversión del regadío, retirando las hectáreas menos rentables, siendo sustituidas progresivamente por explotaciones agroecológicas, de mayor valor añadido y generadoras de menores impactos.
Todo ello para empezar a considerar a los ríos no como recursos a nuestra disposición, sino como ecosistemas que nos prestan servicios ambientales y que debemos preservar.
Artículo publicado en La Crónica del Pajarito:

miércoles, 6 de mayo de 2015

CONSUME HASTA MORIR


Vuelven las declaraciones triunfalistas referidas al cambio de tendencia en el consumo de los españoles, con un aumento en la compra de ropa, coches y en la firma de hipotecas. Desde el Gobierno se apela a la compra masiva de bienes como única solución a la crisis, con la complicidad de los medios de comunicación oficiales, en un intento de animar a la gente a que se lance a la calle a quemar las tarjetas de crédito. Se recuerda con nostalgia las cifras de consumo de la década pasada, cuando se alcanzaron más de un 1.300.000 créditos hipotecarios en 2006, en el momento álgido de la burbuja inmobiliaria, mientras se lamentan de que las cifras de 2014 apenas superen las 200.000 hipotecas. La patronal del sector textil Acotex anuncia a bombo y platillo que las ventas han aumentado en un 4% en 2014, al tiempo que se espera que en España se vendan más de un millón de automóviles en 2015. La patronal de la construcción da por finiquitada la crisis por el repunte del sector del ladrillo, opinión compartida por el Banco de España, que pronostica la recuperación de ese sector en los próximos meses, al tiempo que se felicita por el aumento de los visados en obra nueva.
Pero ninguna de estas declaraciones de intenciones tiene en cuenta que nada será igual a la época de antes de la crisis, allá por 2005 y que, por tanto, no se pueden aplicar las mismas soluciones a los problemas que se han ido acentuando en esta década, aunque se quiera ignorar. Desde la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto en 2005, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) no han hecho más que aumentar (las emisiones de GEI han aumentado en un 45% desde 1990), la presión sobre los ecosistemas se hace intolerable, merced a la especulación sobre el territorio que ha sido moneda corriente en estos años, con la multiplicación de infraestructuras (autopistas, vías del AVE, aeropuertos) y urbanizaciones, sobre todo en la costa.
Las presiones de los lobbies en España (de la energía, del automóvil, de las empresas del IBEX-35) sobre los gobiernos, sumado a las de las instituciones financieras internacionales (BCE, FMI, Comisión Europea) impiden que se de una auténtica Transición Ecológica de la Economía, transformando y adaptando el modelo productivo a los retos del siglo XXI, el primero de los cuales es el cambio climático. Ese cambio pasa por la promoción de los llamados empleos verdes, que pueden crear hasta 20 millones de puestos de trabajo de calidad y sostenibles en Europa, dos millones de ellos en España, en sectores como las energías renovables, el agua, el control de la contaminación, el tratamiento de residuos, la agricultura ecológica, la gestión de espacios naturales, los servicios ambientales a las empresas o la educación ambiental, por citar unos cuantos.
Sin embargo, se continúa basando la supuesta recuperación en un modelo obsoleto, con puestos de trabajo de baja cualificación, temporales y precarios, al tiempo que se insta a la sociedad a “consumir hasta morir”, parafraseando el título del conocido documental, como única salida a la crisis. Se sigue con una visión miope y cortoplacista, sin previsión de futuro, un futuro que no pinta muy bien si no se varía el rumbo.

Artículo aparecido ayer en La Crónica del Pajarito:

http://www.lacronicadelpajarito.es/blog/federicogcharton/2015/05/consume-hasta-morir


martes, 26 de noviembre de 2013

POR UNA AGRICULTURA SOSTENIBLE Y FAMILIAR

Ayer leí una noticia que pone en evidencia que las prácticas agrícolas industriales e intensivas están siendo impuestas por las instituciones oficiales, a pesar de los esfuerzos de ciertos agricultores por aplicar métodos de cultivo más acordes con los ciclos naturales de las plantas. Resulta que en Francia un viticultor del departamento de Côte-d'Or, en la región de los vinos de Borgoña, ha sido imputado por los tribunales por "negarse a aplicar medidas de protección contra la flavescencia dorada", una enfermedad transmitida por un insecto llamado cicadela (Scaphoideus titanus), que provoca la muerte de la cepa. El tratamiento impuesto por la prefectura, y que el citado viticultor se ha negado a aplicar, consiste en la fumigación con un insecticida. El agricultor puede ser condenado a 6 meses de cárcel y a pagar una multa de 30.000 euros.

Este viticultor aplica, bien al contrario, métodos naturales para obtener un vino biodinámico, es decir, un vino ecológico obtenido mediante un complejo sistema que incluye preparados vegetales y minerales como aditivos de fertilización y el uso de un calendario astronómico que rige las épocas de siembra, cura y cosecha de la uva, trabajando sobre el equilibrio biológico de la planta. Aunque esta noticia ha creado polémica, porque no son pocos los que creen que ante el peligro de propagación de esta enfermedad hay que aplicar cualquier medio químico a su alcance, también hay muchas personas que quieren aplicar libremente estos métodos tradicionales de cultivo, aunque eso suponga riesgos para la cosecha de uva.

A pesar del intento de imponer la aplicación de este tratamiento químico, muchos estudios alertan del peligro del uso de los insecticidas, que tienen efectos perjudiciales sobre la salud humana, los ecosistemas agrícolas (ejemplo, los insectos beneficiosos), el medio ambiente, en su sentido más amplio (por ejemplo, las especies que no son el objetivo, paisajes y comunidades) y la selección de los rasgos que confieren la resistencia a los insecticidas. 

Aquí se plantean varias preguntas. ¿Hasta qué punto tienen derecho las instituciones a imponer un tipo determinado de cultivo, simplemente porque es el mayoritario? ¿Por qué se decide que el cultivo intensivo que incluye el uso de pesticidas e insecticidas es el adecuado, y se castiga al que pretende obtener su producción de otro modo? Cuando las multinacionales de los OGM (Organismos Genéticamente Modificados, o comúnmente conocidos como Transgénicos), con la connivencia de los gobiernos, instalan sus plantaciones de maíz o de soja, no se plantean que puedan contaminar las explotaciones vecinas, eliminando por la competencia creada a las variedades tradicionales. Es sabido que los agricultores deben comprar las semillas que vayan a utilizar en semilleros autorizados, pues éstas están patentadas, como cualquier invento al uso, y tienen prohibido guardar las semillas provenientes de su producción para volver a plantarlas, ya que incurrirían en la violación de los "derechos de autor".

El 77% del mercado de las semillas está controlado por una decena de empresas, y sólo tres de ellas (Monsanto, Dupont y Syngenta) controlan el 47% del mercado. Se sabe que el fenómeno de las famosas "puertas giratorias", por las que los responsables políticos pasan a las empresas privadas, con suculentos salarios, una vez que han terminado sus mandatos, y tras haber favorecido a esas empresas en su etapa como políticos, también ocurre en el sector agroalimentario

Cada vez estamos más a merced de las grandes empresas del sector agroalimentario, que nos imponen lo que debemos consumir, con la ayuda de los medios de comunicación que intentan crear una alarma social, desprestigiando a la agricultura ecológica frente a la industrial y atacando a los consumidores de este tipo de productos. Es evidente que la obesidad y las enfermedades cardiovasculares son dos de los grandes males de nuestro tiempo, debido a este modelo capitalista de producción-consumo, modelo que se quiere extender al resto del mundo. Frente a este modelo, es hora de poner en valor la agricultura familiar, ecológica, independiente de las grandes multinacionales, de producción local, no especulativa, que garantice la soberanía alimentaria. Y este tipo de agricultura debe ser fomentada por la UE, ahora que se avecina el 2014, año de las elecciones europeas y Año Internacional de la Agricultura Familiar