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martes, 26 de agosto de 2025

OTRO MODELO TURÍSTICO ES POSIBLE


Nuestro país está condenado a morir de éxito en relación al turismo. Cada año que pasa se baten récords de afluencia de turistas en España. Si en 2024 se alcanzó la cifra de 94 millones de visitantes extranjeros, sobre todo británicos, alemanes y franceses, está previsto que en 2025 se alcancen los 98 millones. A la Región de Murcia llegaron más de 1,1 millones de turistas en 2024, y en el primer cuatrimestre de este año, más de 320.000 visitantes internacionales eligieron la Región entre enero y abril, lo que supone un incremento del 19,8% respecto al mismo período de 2024.

Esta avalancha de turistas tiene su cara, la lluvia de millones que caen en nuestro país, sobre todo en las zonas costeras. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) prevé que en 2025 el sector de viajes y turismo en España podría alcanzar un nuevo máximo histórico, con una contribución estimada de 260.500 millones de euros al PIB, lo que equivaldría a casi el 16% de la economía nacional. 

Pero estas cifras esconden una cruz, tanto en aspectos sociales como ambientales. Desde el punto de vista social, destaca la precariedad laboral, con empleos temporales y de baja cualificación, con largas jornadas y bajos salarios. Según un estudio realizado por la Universidad de Alicante en 2022, un 40,6% de los trabajadores de hostelería se encuentran por debajo del umbral de los 1.200 euros brutos mensuales y, a menudo, son puestos sobrecualificados, es decir, que el nivel de formación de las personas empleadas es más elevado que el requerido para esos puestos. 

Otro problema social asociado al turismo de masas es la gentrificación, es decir, el desplazamiento de las comunidades locales por el auge de los alquileres turísticos y el aumento de los precios de las viviendas, cuyo exponente máximo lo encontramos en Baleares, donde ni siquiera las personas que acuden a trabajar pueden costearse una vivienda, ya que éstas están destinadas principalmente al turismo extranjero de alto poder adquisitivo. Pero esto ocurre en otras regiones españolas, como Andalucía, Canarias, Cataluña, Cantabria o Comunidad Valenciana. El alto precio de los hoteles, que ha aumentado un 40% con respecto a antes de la pandemia, es otro factor negativo del turismo.

Desde el punto de vista ambiental, la degradación de los ecosistemas costeros es el principal problema detectado. Así, un 36,5% de la línea de playa está urbanizada en España, y más de un tercio de los ecosistemas colindantes han sido destruidos por el actual modelo de producción y consumo. El turismo de masas produce un aumento del consumo de agua, de la generación de residuos y de la emisión de gases de efecto invernadero procedentes tanto de la propia actividad turística como de los vuelos internacionales. Ese aumento del tráfico aéreo propicia la ampliación de aeropuertos, como las proyectadas en los de El Prat, en Barcelona, o en el de Málaga, con graves impactos ambientales en el entorno.

Todos estos problemas tienen su reflejo en la percepción que tiene la sociedad española del turismo de masas. Así, según un estudio realizado este mismo mes de julio por la SEO/Birdlife, casi nueve de cada diez españoles creen que el turismo masivo impacta negativamente en el medio ambiente, y más de la mitad, concretamente el 58%, considera que lo hace de forma importante. Además, son cada vez más frecuentes las manifestaciones de las poblaciones locales para protestar por este modelo turístico depredador, como en Canarias, Cataluña y Baleares. 

Pero, ¿qué soluciones podrían aplicarse al problema del impacto negativo en el territorio y en las condiciones laborales precarias? Desde las instituciones, se deberían destinar más fondos a la planificación y menos a la promoción del turismo, para mejorar la gestión. La eliminación de los pisos turísticos ilegales es otra herramienta de que disponen los gobiernos autonómicos y locales para limitar la afluencia de turistas. La desestacionalización del turismo es otra medida adecuada para no concentrar la actividad en los meses estivales. El mantenimiento del control local del turismo, para no dejarlo en manos de inversores y franquicias internacionales y la sustitución del número de pernoctaciones por otros indicadores como el Índice de Progreso Social (IPS) ligado al turismo, aplicado en Costa Rica desde 2016. Este índice evalúa cómo el éxito económico se traduce en beneficios sociales y ambientales para las comunidades locales, no solo en ingresos meramente monetarios. 

En la Región de Murcia se acaba de constituir el Consejo Asesor de Turismo, que agrupa a las principales asociaciones de hosteleros y representantes de la administración regional, con el objetivo de implementar “un nuevo modelo de colaboración público-privada que aspira a consolidar el turismo como un motor prioritario regional, buscando impulsar un modelo turístico sostenible, generador de empleo y riqueza”. Sin embargo, bajo mi punto de vista, faltarían en este Consejo Asesor organizaciones vecinales y ambientalistas que vigilasen que, efectivamente, se persigue un modelo sostenible ambientalmente y justo socialmente y no solo la obtención de beneficios.

En esta época estival es el momento de replantearse el modelo actual de turismo masivo para transformarlo en un modelo que no atente contra los derechos laborales y contra el medio ambiente. No hacerlo nos condena a matar la gallina de los huevos de oro y a destruir una industria que debe adaptarse al siglo XXI, con el cambio climático como telón de fondo, que también influirá en el futuro del turismo mundial. 

Artículo publicado en eldiario.es:

https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/modelo-turistico-posible_132_12505198.html


martes, 25 de agosto de 2020

EL REVERSO DEL TURISMO

España ha sido un imán para los europeos desde hace siglos. En el siglo XIX, multitud de viajeros franceses e ingleses vinieron a la península atraídos por su exotismo, debido a su pasado musulmán, más cercano a Africa que a Europa. De la imaginación de los artistas surgieron obras literarias y musicales inspiradas en los paisajes, historias y monumentos españoles (“Cuentos de la Alhambra” de W. Irving, “Carmen” de Merimée, y su versión operística de Bizet, Gustave Doré y sus dibujos de paisajes españoles…) que maravillaron a los europeos y norteamericanos. A Murcia viajó en 1871 el fotógrafo francés Jean Laurent, dejando una colección de instantáneas que dejaban ver una región pintoresca. 

Esa fascinación por el sur de España continuó tras la Segunda Guerra Mundial, cuando empieza a verificarse un fenómeno, el turismo. En los años 50, a esa España gris, sobre todo en las provincias del litoral, empiezan a venir turistas europeos en busca del sol y la playa, iniciándose la transformación de los pueblos costeros, pasando de tranquilas poblaciones dedicadas a la pesca y la agricultura de secano, que miraban con asombro a los extranjeros, a núcleos urbanos saturados de edificios cada vez más altos, perdiendo paulatinamente las características que las hicieron atractivas. En los años 60 empezaron a sumarse los turistas nacionales, merced a las mejoras económicas del “desarrollismo”, representado por la imagen del Seat 600 atestado de bártulos y familias camino de las playas de Andalucía y del Levante. 

Nuestra región no fue ajena al “boom” turístico. A partir de 1961, la Manga del Mar Menor, propiedad de la familia Maestre, inicia su transformación. De estar formado por una serie de dunas tapizadas de sabinas y enebros, que separan el Mar Menor del Mediterráneo, con actividades económicas tradicionales basadas en la pesca y la explotación salinera al norte, un paisaje que, a buen seguro, habría merecido la catalogación de Parque Nacional, se pasó a una desenfrenada carrera por edificar de cualquier manera todo el espacio disponible, hasta llegar, a principios del siglo XXI, a la saturación que podemos contemplar hoy. Pronto las poblaciones ribereñas del Mar Menor continuaron su estela, seguidas de otros enclaves costeros como Mazarrón, Águilas y San Pedro del Pinatar.

Los últimos 60 años se han caracterizado por una dependencia cada vez mayor de la economía española al turismo. Desde 1955 a 1973 vemos cómo crece el número de visitantes desde 2.500.000 hasta 34.500.000. En 2019 llegaron a nuestro país más de 80 millones de visitantes. El peso del turismo en el PIB español ha pasado de representar el 5,1% en 1970 a convertirse en el sector que más riqueza aporta a la economía española, con un total de 176.000 millones de euros anuales que representan el 14,6% del PIB, además de 2,8 millones de empleos, por encima de la construcción y el comercio. A la Región de Murcia llegaron más de 5,7 millones de turistas en 2019, representando el 11,4% del PIB regional.

Pero estas cifras macroeconómicas tienen un reverso. En primer lugar, la excesiva dependencia del sector turístico provoca que, en situaciones excepcionales, como supone la actual pandemia, tanto el sector como la economía en general se vean afectadas de una forma brutal, como corresponde cuando no hay una diversificación adecuada de las actividades económicas. La masificación de la costa y las grandes ciudades y la proliferación del “turismo de borrachera low-cost” provocan el fenómeno de la “turismofobia”, por sus consecuencias negativas (ruidos, generación de basuras, pérdida de identidad cultural). 

Por otro lado, la degradación ambiental es evidente en los entornos donde se desarrolla de un modo exagerado el sector turístico. En la Región de Murcia, además de haberse visto afectadas las áreas ya desarrolladas, debido a la urbanización excesiva, la invasión de terrenos no aptos para la construcción (ramblas y dominio marítimo-terrestre), a la falta de depuración de aguas residuales, la congestión por el tráfico rodado y la deficiente ordenación del territorio por parte de ayuntamientos, no son pocos los intentos de los promotores turísticos de ocupar espacios protegidos, como ha sido el caso del Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila y del Parque Regional de Cabo Cope y Puntas de Calnegre, o por razones “estratégicas”, como en el caso de la bahía de El Gorguel. 

Se hace necesario, sobre todo a partir de la situación creada por la crisis sanitaria, un replanteamiento de la economía regional, con una mayor diversificación de las actividades, actualmente demasiado centradas en sectores que provocan la degradación ambiental (agricultura intensiva y sector agroalimentario, turismo, construcción, que suponen en conjunto el 45% del PIB regional). La potenciación de sectores con alto valor añadido y con bajo impacto ambiental debería ser la prioridad del gobierno regional, como la agricultura y la ganadería ecológicas; el llamado ecoturismo, es decir, aquel en el que se privilegia la sostenibilidad, la preservación y la apreciación del medio; la industria de la moda sostenible, la rehabilitación de viviendas con criterios bioclimáticos, el reciclaje y reutilización de residuos de todo tipo (incluidos los residuos electrónicos), así como las energías renovables y la I+D+i; la industria cultural, poniendo en valor la creación de artistas locales, etc. 

La transformación del tejido productivo hacia un modelo que sea diverso, respetuoso con el entorno, a la vez que sea resiliente frente a las situaciones imprevistas, como la que atravesamos, es el único camino para garantizar un futuro en estos tiempos inciertos, sin  que dependamos de situaciones externas que no podemos controlar. Las siguientes generaciones nos lo agradecerán.

Artículo publicado en el blog Futuro Se Escribe Con Verde:

https://futuroseescribeconverde.blogspot.com/2020/08/el-reverso-del-turismo.html?m=1&fbclid=IwAR2yU60lL9TYQC44En7s9hdStk43W5ScTkejdrpJgxuegBVA_LSeD5xyt-g

martes, 22 de enero de 2019

AEROPUERTO Y TURISMO SOSTENIBLE

Están los representantes del PP, del PSOE  y los empresarios de la región que no caben en sí de gozo con la apertura del aeropuerto de Corvera, bautizado como Juan de la Cierva, pionero patrio de la aviación civil (bastante cuestionado, por cierto, por su filiación franquista que podría vulnerar la Ley de Memoria Histórica), obviando que ya contábamos con un aeropuerto, el de San Javier, que cerró el año 2018 con más de 1,2 millones de pasajeros, un 6,4% más que el año anterior. Actúan como si en la Región de Murcia no hubiera existido anteriormente un lugar donde aterrizaran los británicos en busca de sol y playa hasta que el rey Felipe VI descorrió la cortina de la placa conmemorativa que quedará en las instalaciones aeroportuarias recién inauguradas, aunque no apareciera su nombre grabado en ella.
Llevados por la euforia, y como viene siendo habitual entre los dirigentes del PP, nos prometen toda clase de beneficios y riquezas con la apertura del aeropuerto, como si su traslado a sólo 40 kilómetros de San Javier, con el traslado forzoso de sus trabajadores incluido, fuera a suponer una lluvia de millones y la llegada de riadas de turistas deseosos de disfrutar del caldero, las playas y la sangría. Ya en 2011, cuando el aeropuerto estaba en plenas obras, se nos decía que el tráfico aéreo traería 2 millones de pasajeros en 2012 y 5 millones en 2022, en un ejercicio de economía ficción a la que tan aficionados son a la hora de justificar cualquier obra faraónica que se pretenda construir en la Región (sólo hay que recordar las cifras astronómicas que se manejaban a cuenta de los proyectos afortunadamente fallidos, por el alto impacto que habrían ejercido sobre los espacios donde se querían instalar, como el parque Paramount, Marina de Cope o, más recientemente, el macropuerto de El Gorguel).
Nada más inaugurarse las instalaciones aeroportuarias se nos intenta vender la moto de la creación de empleo, con el anuncio de la generación de 5.600 puestos de trabajo sólo en el primer año, así como la llegada de 800.000 turistas más. Pero claro, todo eso estará supeditado a la construcción de infraestructuras (hoteles, centros comerciales, locales comerciales) que incide en reafirmar un modelo turístico insostenible desde el punto de vista ambiental. No parece que gobierno regional tenga como objetivo conseguir un turismo sostenible en la Región de Murcia, entendido como aquel que es compatible con la correcta conservación de los espacios naturales. A pocos días de la celebración de la Feria Internacional de Turismo FITUR, el lema que parece que guía a los responsables de la política turística de la Región es "cuantos más, mejor", con la intención de que 6 millones de turistas nos visiten en este año 2019, aumentando en 300.000 el número de turistas con respecto a 2018.
Pero si no se hace una previsión de la Capacidad de Carga Turística (CCT), definida como el máximo nivel de personas que un espacio físico puede soportar antes de que el recurso ambiental se comience a deteriorar, se corre el riesgo de matar a la gallina de los huevos de oro, como ya se está verificando en destinos como las islas Baleares o Barcelona. La Región de Murcia cuenta con auténticas joyas ambientales, como los parques naturales de Calblanque, Sierra Espuña, Salinas de San Pedro del Pinatar, por citar unos cuantos. Aún podemos disfrutar de lugares no masificados, y el fenómeno de la "turismofobia" aún no ha llegado a estas tierras. Si sólo se busca el beneficio inmediato, el rendimiento económico ligado a grandes infraestructuras, y no se realiza una planificación adecuada para evitar o, al menos, minimizar el impacto social y ambiental de esa supuesta llegada masiva de turistas a la que el gobierno regional aspira, nos podemos encontrar en pocos años con una situación indeseable de turismo masivo.
El aumento del turismo en poco tiempo se relaciona con la reducción drástica de los salarios de los empleados del sector, un aumento de la carga de trabajo y de la economía sumergida, conflictos entre la población local y los turistas. Se calcula que cada millón de turistas que recibe España consume y genera 11 millones de litros de combustible, 300 millones de litros de agua, 2 millones de kilos de alimento, 25 millones de kilos de CO2 y toneladas de residuos, que ensucian playas y valiosos ecosistemas marinos y terrestres. ¿Es eso lo que queremos? Se hace necesaria una reflexión sobre el modelo turístico que debe aplicarse en la Región de Murcia, primando la calidad sobre la cantidad. Aún estamos a tiempo.
Artículo publicado hoy en eldiario.es:

sábado, 6 de mayo de 2017

EL TURISMO DE MASAS, UN ARMA DE DOBLE FILO

Han pasado la Semana Santa y el puente del 1º de mayo, y nuevamente escuchamos cómo se baten nuevos récords de visitantes extranjeros a nuestro país, reduciendo el fenómeno turístico a cifras: en 2016, España recibió 75,6 millones de turistas, el 10,3% más que en 2015, y 12,9 millones de turistas hasta marzo de este año, un 9,3% más que en el mismo periodo de 2016. Y no sólo vienen más, sino que, según el INE, cada turista se gasta más, casi un 8% más en 2016 que el año anterior. La situación de inestabilidad del norte de África y de Turquía, dos de las principales zonas competidoras de nuestro país, explican en parte la elección de España como destino turístico, siendo la modalidad de sol y playa, como es tradicional, la más elegida por los visitantes extranjeros.
Asociados a esta avalancha de visitantes, se organizan eventos culturales, como macro-festivales de música y exposiciones temporales de arte, en los que a menudo se mide su éxito, no por la calidad de la oferta cultural sino, nuevamente, por el número de visitantes y el dinero que se han dejado los consumidores culturales (porque no pueden ser calificados de otra cosa) en hoteles y restaurantes. La cultura se ha mercantilizado, es un eslabón más de la dinámica capitalista. No importa si el reverso oscuro de esa riada de turistas supone contratos precarios, cuando los hay, en el sector de la hostelería, invasión de espacios naturales, con el aumento en la construcción de infraestructuras viarias y residenciales, congestión del tráfico en las zonas turísticas, contaminación y otros efectos colaterales.
“Lo que se pretende es que el medio ambiente no sea un obstáculo para desarrollar actividades turísticas, siendo la cultura solo un medio para crear riqueza, y no para aumentar el nivel de la población”
Varios ejemplos demuestran hasta qué punto el fenómeno del turismo de masas ha traído consigo el deterioro de las condiciones de vida en algunas zonas. En Barcelona, las asociaciones de vecinos han declarado la guerra a la masificación turística que ha convertido a la ciudad condal en un parque temático, verificándose la llamada “gentrificación” (del inglés gentry, “gente bien”, “burgués”) en el centro de la ciudad, aunque el término más correcto debería ser “elitización”, es decir, el desplazamiento soterrado del vecindario tradicional, siendo sustituido por personas con mayor poder adquisitivo que trae consigo un aumento del precio del suelo, provocado en muchos casos por el uso de viviendas como apartamentos turísticos, a menudo de forma ilegal.
Otro ejemplo que nos muestra cómo el turismo ha trastocado totalmente los lugares de recepción de visitantes lo encontramos en Ibiza, donde es prácticamente imposible, para los trabajadores foráneos que se trasladan a la isla, encontrar un alojamiento, pues la práctica totalidad de las viviendas en alquiler se destinan al turismo, llegándose a pedir 700 euros mensuales por una habitación, o 450 ¡por una cama!, además de que los espacios naturales sufren una presión insostenible, por la saturación turística. O en la Costa Brava, donde el turismo de borrachera de hordas de jóvenes británicos han convertido las localidades costeras en auténticos infiernos para el vecindario.
Pese a todos estos efectos indeseables del turismo de masas, desde las distintas administraciones se sigue fomentando este tipo de actividad, pensando solamente en la balanza de pagos, y no en el bienestar de la población local, las condiciones laborales de los trabajadores del sector hostelero o la conservación de los espacios naturales para las generaciones futuras. El último capítulo que nos demuestra que esto no tiene visos de cambiar lo encontramos en la Región de Murcia, donde el flamante presidente de la Comunidad Autónoma ha remodelado su gabinete, uniendo en una sola Consejería áreas como el Turismo, la Cultura y el Medio Ambiente, haciendo una declaración de intenciones por la cual afirma que el objetivo del Gobierno regional es que “entienda el turismo como un verdadero motor de crecimiento de la Región durante todo el año, que entienda la cultura como una infraestructura capaz de aportar riqueza y empleo y que respete el medio ambiente y lo haga compatible con el crecimiento regional”. Es decir, lo que se pretende, en realidad, es que el medio ambiente no sea un obstáculo para desarrollar actividades turísticas, siendo la cultura solamente un medio para crear riqueza, y no para aumentar el nivel de la población.
El turismo y la cultura no pueden contemplarse solamente como fuente de riqueza. La máxima que los gobiernos central, autonómicos y locales siguen de “cuanto más, mejor” puede ser un arma de doble filo que mate a la gallina de los huevos de oro, haciendo insoportable la estancia hasta para los propios turistas, además de ejercer una enorme presión sobre los espacios naturales, destruyendo los atractivos que motivan a los turistas a venir a nuestro país.
Artículo aparecido hoy en La Crónica del Pajarito:

martes, 23 de agosto de 2016

TURISMO SOSTENIBLE, ¿UNA UTOPÍA?


Este verano, además de los incendios que se suceden todos los días, calcinando por causas humanas decenas de miles de hectáreas en España y Portugal, y los Juegos Olímpicos de Río, que han llegado a su fin, es noticia la situación de colapso de los lugares turísticos en nuestro país. En Barcelona, los vecinos y vecinas del centro histórico claman contra la invasión de turistas, sobre todo en verano; el 13% de sus residentes valora negativa o muy negativamente que la ciudad sea un destino turístico de referencia internacional. El Barrio Gótico, por ejemplo, ha perdido un 17,6% de población y sus alquileres han subido un 6%, verificándose la expulsión de la población original para ser sustituida por población foránea temporal, al tiempo que la especulación inmobiliaria relacionada con el turismo de masas se extiende por la ciudad condal. Ello ha obligado al ayuntamiento de Barcelona a controlar la proliferación de pisos turísticos, muchos de ellos ilegales, que rompen la convivencia entre turistas y vecinos por la sobreabundancia de los primeros.
Otro tanto ocurre con las islas Baleares. Un archipiélago que cuenta con una población estable de poco más de un millón de habitantes recibe cada año unos 14 millones de turistas, colapsando tanto las infraestructuras como los espacios naturales. Ibiza y Formentera son el máximo ejemplo de sobresaturación. Ibiza recibió 2,7 millones de turistas en 2014, veinte veces su población, y Formentera, con 11.500 habitantes, acoge a 1,2 millones de viajeros al año. La situación llega al paroxismo cuando se verifica que los profesionales que van a las islas a trabajar no tienen literalmente espacio físico para vivir, a menos que alquilen algún piso a precios desorbitados o compartan habitación, como si de turistas se tratara.
Estos no son más que dos ejemplos del grado de saturación al que se ha llegado en cuanto a ocupación del espacio, sobre todo en nuestras costas. El informe del Observatorio de la Sostenibilidad “Cambios en la ocupación del suelo en la costa” revela que casi la mitad de las construcciones que invaden la franja litoral han sido edificadas en los últimos 25 años, intensificado con el boom inmobiliario del presente siglo. Provincias como Málaga o Valencia tienen unos índices de transformación del uso de suelo en espacios artificiales que superan el 60% en el caso de Valencia hasta un preocupante y límite 81% en el caso de Málaga. Pero esto es extensible a cualquier provincia costera. En Murcia, la situación del Mar Menor es el ejemplo de uso excesivo de los ecosistemas, agravado en este caso por la agricultura intensiva.
Con la situación que viven países como Grecia, Turquia o el norte de África, muchos turistas cambian su destino a España, para satisfacción del sector hotelero y de los gobiernos autonómicos, que celebran el continuo aumento de visitantes, pero para desgracia de los espacios naturales costeros, que sufren una presión sin precedentes: pérdida de biodiversidad, alteración de hábitats (sobre todo dunas, humedales y fondos marinos), contaminación, modificación del paisaje, etc. Además, el consumo excesivo de agua y la generación de residuos son otros de los problemas que produce el turismo de masas, que afecta directa e indirectamente a los ecosistemas.
Seguramente este año se alcanzará nuevamente el récord de visitantes en España. El año pasado se alcanzaron los 68,1 millones de turistas, representando el sector turístico el 12% del PIB. Pero no todo vale para mover la economía. La calidad de vida de las poblaciones locales, el buen estado de conservación de los ecosistemas, el cuidado de las ciudades, la preservación de los espacios naturales para las generaciones futuras, son valores que hay que tener en cuenta, y no sólo el factor monetario, a menudo asociado a empleos precarios y temporales y abusos laborales. La implementación de medidas encaminadas a conseguir un turismo realmente sostenible, es decir, aquellas actividades turísticas respetuosas con el medio natural, cultural y social, y con los valores de la comunidad, y cuyos beneficios (no solamente económicos) se reparten de forma equitativa entre el turista y la comunidad, deben ser una prioridad en las políticas públicas asociadas al sector, si no queremos matar la gallina de los huevos de oro.
Artículo publicado hoy en La Crónica del Pajarito:

martes, 23 de febrero de 2016

SALVEMOS EL MAR MENOR

Cuando vemos alguna fotografía antigua de La Manga del Mar Menor desde el aire, con ese aspecto virgen, con la sucesión de dunas y playas kilométricas y su flora asociada, sólo modificado por actividades humanas sostenibles como la extracción de sal o las técnicas de pesca artesanal de origen árabe como las encañizadas o el uso de las embarcaciones de vela latina, coronada con la silueta imponente, vislumbrada al fondo, del faro de Cabo de Palos, y la comparamos con otra imagen del mismo lugar realizada hace unos pocos años, convertida ya en una selva de hormigón y asfalto, no podemos más que lamentar lo que este espacio singular que es la laguna litoral del Mar Menor pudo ser y no fue. El desarrollo urbanístico desorganizado, buscando más la rentabilidad económica a corto plazo que el cuidado de los valores ambientales, ha ido matando la gallina de los huevos de oro. La falta de planificación ha sido la norma, dejando en manos privadas una tarea que debió ser realizada y supervisada por los poderes públicos, aunque éstos, y en gran medida los ayuntamientos, han sido los principales responsables del crecimiento desmesurado de la ocupación urbanística del litoral marmenorense.
Pero no sólo la urbanización salvaje iniciada a principios de los años ’60 y desarrollada a lo largo de más de 50 años, destinada al turismo, en La Manga, pero también en los municipios que circundan la laguna, han maltratado al Mar Menor. También la aplicación de técnicas agrícolas intensivas, con el uso masivo de pesticidas y fertilizantes sintéticos en el Campo de Cartagena, cuyos vertidos contaminan el agua al alcanzar la laguna a través de la rambla del Albujón, así como la modificación de la dinámica natural y el ecosistema del Mar Menor por los sucesivos dragados y la construcción de espigones, puertos y canales artificiales de comunicación con el mar Mediterráneo, la han ido condenando paulatina pero inexorablemente a su práctica destrucción. Desde hace décadas, la comunidad científica, así como los grupos ecologistas, han ido alertando de este deterioro, pero la desidia por parte de las instituciones regionales y el hacer oídos sordos a sus sabias recomendaciones han ido agravando la situación del Mar Menor, hasta llegar a su estado actual, diagnosticado por los máximos especialistas como de “enfermo en estado crítico”.
Pero algunos hechos recientes permiten albergar ciertas esperanzas. La aprobación del borrador de documento “Estrategia de Gestión Integrada de Zonas Costeras para el Sistema Socio-ecológico del Mar Menor (SSEMM)”, en el que se realiza un diagnóstico de las características de este territorio, se plantea un modelo de gestión del ámbito público de actuación y se enumeran los principales problemas observados, proponiéndose medidas para la gestión integrada del Mar Menor, es un primer paso para abordar de forma definitiva la solución a la problemática de la laguna. También la creación, a iniciativa de Podemos en la Asamblea Regional (con el apoyo del resto de la oposición y el rechazo, cómo no, del PP), de una Oficina Técnica del Mar Menor, cuyo cometido es el de canalizar e impulsar las actuaciones de integración y conservación de la laguna, es otro de los signos que nos indican que se está yendo por buen camino. Esperemos que, como decía la ponente de la moción, la diputada de Podemos María Giménez, esta iniciativa "no se quede sólo en colocar un cartel en una puerta”.
Pero tal vez lo más significativo sea la movilización de la sociedad civil a través de la Plataforma “Pacto por el Mar Menor”, formada por personas individuales procedentes de diversos ámbitos quienes, movidas por la indignación y el compromiso, pretenden influir en las diversas administraciones (regional y locales) para revertir la situación de extremo deterioro de la laguna litoral más singular del arco mediterráneo. El pasado domingo 21, con el lema “Salvemos el Mar Menor”, un millar de personas nos manifestamos a lo largo de la rambla del Albujón, cauce de entrada de contaminantes a la laguna procedentes de la agricultura intensiva, para exigir un Mar Menor cuyos aspectos ecológicos, culturales y económicos sean valorados en su justa medida por las instituciones. La plataforma reivindica la aprobación del Plan de Gestión de Espacios Protegidos del Mar Menor y de la Franja Litoral Mediterránea de la Región de Murcia, la puesta en acción de medidas para corregir la situación de los humedales, de la rambla del Albujón, y de las redes de saneamiento, al tiempo que pide que se aborde un nuevo enfoque en la agricultura y el turismo que se desarrolla en las inmediaciones de la laguna, para que la sostenibilidad sea la norma, como un medio eficaz de asegurar su futuro. Este ecosistema singular lo merece.
Artículo publicado hoy en La Crónica del Pajarito:

viernes, 2 de marzo de 2012

EMPLEO ¿A CUALQUIER PRECIO?

Esta época de crisis económica, ecológica y social que Europa en general y España en particular está sufriendo, en la que millones de personas buscan desesperadamente un empleo, y en la que la pobreza alcanza a más del 21 % de la población de nuestro país, es el terreno abonado para que ciertas iniciativas empresariales y determinadas propuestas de nuestros representantes políticos encuentren poca resistencia entre la ciudadanía. Con el argumento de la creación de puestos de trabajo, por muy degradadas que sean las condiciones laborales o por muy peligrosas o dañinas que sean las actividades económicas a desarrollar, alentados por alcaldes y presidentes autonómicos sin visión de futuro, y promovidos por empresarios sin escrúpulos, toda una serie de proyectos han visto la luz, algunos en avanzado estado de implantación.

Un ejemplo lo encontramos con el Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares, cuya instalación está decidida en el pueblo conquense de Villar de Cañas, un núcleo de apenas 500 habitantes. Como en "Bienvenido Mr. Marshall", esta pequeña localidad espera recibir 2,4 millones de euros anuales durante 60 años por parte de Enresa, la empresa pública encargada de la construcción del ATC (ver enlace). Esta lluvia de millones caerá, sí, pero a costa de poner en peligro no solamente a los habitantes de Villar de Cañas sino a toda la comarca, en el caso de un accidente radiactivo. EQUO, junto a otros colectivos, se manifestó en contra de esta instalación, un auténtico basurero radiactivo (ver enlace).

El proyecto más disparatado que se pretende instalar en España es la ciudad del juego por parte del magnate de los casinos Sheldon Adelson, la decimosexta fortuna del mundo. Este macroproyecto, cuya ubicación se la disputan tanto Alcorcón como Barcelona, tiene una serie de condicionantes exigidos por el promotor americano, algunas de clara ilegalidad: modificación del Estatuto de los Trabajadores, reducción de las cuotas a la Seguridad Social, expropiación de suelo en manos privadas, cambio de emplazamiento de viviendas protegidas de la zona, cambios en la Ley de Extranjería, permiso de entrada a los menores de edad en sus casinos, la anulación de la Ley anti tabaco y de la Ley de Prevención del Blanqueo de Capitales en el interior del complejoetc. Lo más grave de esto es que los responsables políticos, como la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, y presidente de Cataluña, Artur Mas, ven con buenos ojos estas exigencias del magnate, con la excusa de que "se crearían más de 200.000 puestos de trabajo", demostrándose una vez más que la ley no es igual para todos. EQUO, a través de nota de prensa, considera "escandaloso" este proyecto, al sobrepasar el límite de lo legal, vulnerando derechos, gozando de privilegios fiscales y saltándose la normativa de protección del territorio (ver enlace).

A nivel regional se utilizan los mismos argumentos, los de la creación de empleo, para fomentar proyectos insostenibles, aunque ello suponga la degradación de un espacio natural, como en los casos del macropuerto de El Gorguel y el macrocomplejo turístico de Marina de Cope. Pero hay argumentos suficientes para demostrar que tanto uno (Plataforma "Salvemos El Gorguel") como otro ("Salvar Marina de Cope") son insostenibles ambientalmente y que el manido argumento del empleo no puede ser suficiente. El otro proyecto estrella del gobierno regional, el Parque Paramount, un modelo de negocio que ha demostrado ser deficitario en otras regiones donde se han implantado (Terra Mítica, Parque Warner...) también tiene el beneplácito de las poblaciones locales, que esperan de él que sea la panacea. 


La promesa de puestos de trabajo, más optimista de lo que seguramente se crearían en realidad, sobre todo en lo que se refiere a puestos indirectos, no puede ser el único criterio para el desarrollo de una región, de un país, sin tener en mente qué territorio queremos, qué futuro deseamos para las generaciones venideras. Una visión cortoplacista, como la que tienen nuestros gobernantes, supone hipotecarse en las próximas décadas siguiendo un modelo económico que ha demostrado ser nefasto para la economía y el medio ambiente. No permitamos que nuestros hijos y nietos nos lo echen en cara más adelante.

lunes, 26 de septiembre de 2011

POR UN TURISMO SOSTENIBLE Y RESPONSABLE

Mañana, 27 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Turismo, como todos los años desde 1980. Este año gira en torno al lema "Turismo y acercamiento de culturas". En teoría, se trata de "establecer vínculos interculturales entre diversos países por medio del conocimiento mutuo de los valores sociales, culturales, políticos y económicos", como rezan los estatutos de la OMT (Organización Mundial del Turismo). Sin embargo, las bondades de las actividades turísticas en las economías locales (creación de empleo, principalmente) se ven contrarrestadas por toda una serie de impactos negativos, tanto en la calidad de esos empleos como en el medio ambiente. Repasemos:

 Aunque es cierto que últimamente ha mejorado la cualificación profesional de las personas que trabajan en este ámbito, gracias a las enseñanzas dedicadas a ello (Escuelas de Turismo, Escuelas de Hostelería...), la verdad es que la gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras del sector turístico siguen siendo de baja cualificación, con contratos temporales (eso si tienen contrato), sometidos a horarios prolongados y en condiciones desfavorables en su ambiente de trabajo (ver enlace). Además, esta ocupación en el sector turístico hace que se abandonen a menudo las actividades tradicionales.

En los países dedicados principalmente al turismo se sustituye el uso agrícola de las tierras productivas por la ocupación urbanística, con su impacto sobre la soberanía alimentaria de esos países. Este aumento de la demanda de suelo para fines turísticos hace que se encarezca el precio de los recursos. Se ha constatado, además, que la excesiva dependencia de un tipo de sector económico trae como resultado una mayor incidencia en época de crisis. Además, la deslocalización de empresas turísticas europeas y americanas es una suerte de neocolonización económica en el que los beneficios no revierten en las poblaciones locales, sino que van a parar a los países de origen de esas empresas. Un ejemplo de esto lo tenemos en el consorcio español de empresas turísticas Exceltur, un auténtico lobby que agrupa a las principales empresas del ramo, que operan en Marruecos (ver enlace).

El turismo de masas internacional tiene un impacto también sobre las culturas autóctonas, convirtiéndose éstas en meras atracciones, alejándose cada vez más de la función social y cohesionadora para las que fueron creadas. La occidentalización de los servicios turísticos es otro factor que se va generalizando. La demanda de comodidades y servicios por parte de los turistas, al estilo de sus propios países, hace que se homogeneicen cada vez más las ofertas. Los complejos turísticos suelen ser islas, de espaldas a la realidad de las poblaciones autóctonas. 

El medio ambiente se ve afectado de forma muy importante por las actividades turísticas cuando éstas no se han planificado adecuadamente: medios de transporte contaminantes (avión, principalmente), sobrecarga urbanística del territorio, a menudo cercano a espacios naturales, exceso de infraestructuras (aeropuertos, autovías, puertos deportivos, pistas de esquí, campos de golf...), demanda abusiva de agua, contaminación en sus diversas variantes, etc. El atractivo inicial que pueda tener una zona determinada, debido a sus valores naturales, climáticos, culturales, etc. puede ser neutralizado por las intervenciones humanas, matando a la gallina de los huevos de oro.

Desgraciadamente, la Región de Murcia ha sufrido y sufre en su territorio todo estos abusos, mientras las administraciones locales y el gobierno autonómico no parece que vayan a cambiar de rumbo. La capacidad de carga es limitada, y sobrepasarla puede tener consecuencias nefastas. Los planes del actual equipo de gobierno murciano, con los proyectos estrella del parque Paramount, el aeropuerto de Corvera y Marina de Cope van totalmente en dirección contraria de lo que debe ser un turismo responsable y sostenible, que tendría que: 



- Minimizar los impactos negativos del turismo en aspectos económicos, ambientales y sociales.

· Generar beneficios económicos importantes para las poblaciones locales e impulsar el bienestar de las comunidades receptoras y no solamente de unos pocos.

· Mejorar las condiciones de trabajo de los empleados y el acceso al sector turístico, con una formación adecuada en todos los casos.

· Involucrar a poblaciones locales en las decisiones que afectan sus vidas y sus oportunidades (presentes y futuras).

· Contribuir a la conservación del patrimonio natural y cultural para promover la diversidad mundial.

· Proporcionar experiencias más interesantes para los turistas a través de conexiones significativas con las poblaciones locales y mediante un gran entendimiento de la cultura local, de aspectos sociales y medioambientales.

· Ser culturalmente sensibles.

· Promover el respeto entre turistas y receptores asì como fomentar el orgullo local y la confianza.