lunes, 11 de octubre de 2021

EL MAR MENOR SE MERECE OTRA OPORTUNIDAD

Manifestación en defensa del Mar Menor


La ciudad de Murcia fue un clamor el pasado 7 de octubre para exigir a las autoridades competentes que solucionen de una vez por todas la situación agónica del Mar Menor. Más de 70.000 personas nos manifestamos por las calles de la capital, en un ambiente festivo (aunque la cosa está para pocas fiestas) a título individual, pero también decenas de organizaciones de todo tipo (sindicatos, grupos ecologistas, asociaciones de vecinos, además de algunos partidos políticos) que representan a otras miles de personas que, por diversos motivos, no pudieron asistir a la manifestación, superando en 15.000 asistentes a la también multitudinaria manifestación en Cartagena de 2019.

Se ha puesto así de relieve el hartazgo de la sociedad murciana por la inacción del gobierno regional ante la situación desesperada de la laguna litoral más grande del Mediterráneo Occidental, usando este gobierno excusa tras excusa para justificar los episodios de anoxia y muerte de peces, desde las altas temperaturas del agua (como si fuera la primera ola de calor que sufrimos por estos lares), pasando por las DANA, hasta la necesidad de abrir la gola de Marchamalo “para oxigenar” el caudal del Mar Menor, pero sin decir una palabra más alta que otra sobre los vertidos de la agroindustria, no sea que se nos enfaden los agricultores y voten aún más a la ultraderecha. Sin embargo, la noticia de la próxima apertura del juicio a los presuntos responsables de la degradación de la laguna, con el llamado caso “Topillo”, anunciado por el fiscal jefe de la Región de Murcia, José Luis Díaz Manzanera, puede suponer un jarro de agua fría a la estrategia de López Miras con respecto al Mar Menor. 

Pero el presidente, no satisfecho con contar con dos aliados, como son la Cátedra de Agricultura Sostenible de la UPCT y la Fundación Ingenio, se ha buscado otro organismo para buscar apoyos a sus insensatas medidas. Por un lado, la cátedra que incluye en su denominación el eufemístico nombre de “sostenible” agrupa a una serie investigadores que sólo confían en paliar con tecnología lo que la agricultura intensiva provoca, vertidos contaminantes cargados de nitratos que enturbian el agua y matan todo rastro de vida, lo que equivale a tratar a una persona obesa con medicamentos y aparatos que monitorizan sus constantes vitales, pero sin cambiar sus hábitos de vida, en vez de ir al origen del problema, con un cambio de dieta radical y la práctica moderada de ejercicio.

Por otro, la fundación, formada por el lobby agroindustrial que no tiene intención de cambiar de métodos de cultivo, nos regala otra extravagante declaración de su presidenta, afirmando que "el mayor cáncer del Mar Menor son las aguas subterráneas”, culpando a la naturaleza de las prácticas agrícolas insostenibles, con el uso masivo de fertilizantes sintéticos y pesticidas.

A estos dos cómplices se suma ahora la Real Academia de la Ingeniería, institución con sede en Madrid, con quien el gobierno regional pretende firmar un convenio, cuyos dos objetivos son, literalmente, “promover la ingeniería en nuestra sociedad y por otro, asesorar, de forma independiente, a instituciones públicas y privadas en materias relacionadas con la ingeniería”, lo que nos hace pensar que López Miras se quiere basar, una vez más, en obras y caras infraestructuras para abordar el problema del Mar Menor, obviando el verdadero origen de la eutrofización (exceso de nutrientes) de la laguna.

Buscar soluciones al problema ecológico del Mar Menor atendiendo a “expertos” ajenos a la Ecología, la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio en el que viven, sin contar con ecólogos y ecólogas que llevan décadas estudiando este ecosistema, supone un error mayúsculo. Científicos independientes que son ignorados, a pesar de llevar años alertando de la problemática del Mar Menor, que no se dejan llevar por intereses políticos, sino que conocen como nadie la laguna y saben cómo revertir la situación. Mientras la clase política siga haciendo oídos sordos a lo que tiene que decir la ciencia, y los votantes sólo se dejen llevar por promesas de riqueza, a menudo infundadas, sacrificando lo más importante que tenemos que dejar a las generaciones futuras, un medio ambiente saludable y bien conservado, será difícil encontrar soluciones.

Esta segunda manifestación masiva en la región en dos años tiene que servir para que la sociedad murciana abra los ojos de una vez por todas y aplique lo que decía Einstein: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. 26 años aplicando los mismos métodos han destrozado el Mar Menor. Hagamos algo diferente. El Mar Menor se merece otra oportunidad.

Artículo publicado hoy en eldiario.es:

https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/mar-menor-merece-oportunidad_132_8385579.html


miércoles, 8 de septiembre de 2021

OTRO MAR MENOR ES POSIBLE


Foto: Diego Montana

Tras la lamentable intervención de López Miras en la rueda de prensa motivada por la muerte masiva de peces en las orillas del Mar Menor el pasado 16 de agosto, en la que se autoproclamaba 'salvador' de la albufera, tirando balones fuera, sin un atisbo de autocrítica y responsabilizando al Gobierno central de su propia permisividad e inacción ante el aumento exponencial de regadíos ilegales y vertidos descontrolados, el Gobierno regional ha iniciado una campaña de desinformación a través de organismos y columnistas afines para descargar la responsabilidad a los principales causantes de la degradación a ojos vista del Mar Menor, aunque no los únicos: la agroindustria.

Así, la Fundación Ingenio, aparecida en mayo de 2020 como reacción de un sector de la agricultura, y cuyos objetivos teóricos son “poner en valor una agricultura responsable, comprometida e innovadora”, no ha tenido empacho en afirmar, a través de su directora, Natalia Corbalán, que "ya no hay vertidos de la agricultura actual hacia el Mar Menor”, como si el mero hecho de decirlo fuera a convertirse en realidad. Además, la directora de la Fundación no desaprovecha la oportunidad para acusar a los grupos ecologistas, a los que califica de “activistas radicales”, de ser un “lobby hiperfinanciado”. Esta organización se plantea, además, crear un movimiento de “chalecos verdes”, al estilo de los “chalecos amarillos” franceses, a través de un ente del que poco se sabe, denominado 'Ecologismo y Sociedad', pero que ya intuimos que de ecologista tiene poco.

También la Cátedra de Agricultura Sostenible del Campo de Cartagena (sic) de la UPCT, creada en 2017 con la colaboración, curiosamente, de la Federación de Cooperativas Agrarias de Murcia (FECOAM), la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y con la participación de trece empresas y cooperativas agrícolas de la zona, se centra más en buscar soluciones tecnológicas, básicamente sistemas de desnitrificación de salmueras, antes que incidir en el origen del problema.

En otra categoría encontramos artículos de personas pertenecientes al ámbito universitario, pero no especialistas en la materia, y de la órbita del PP, como el exalcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara o el exdirector general de Transportes, Salvador García Ayllón, repitiendo el mantra oficial de que la culpa del deterioro del Mar Menor no es de la agricultura y que para solucionar el problema hay que dragar las golas y vaciar el acuífero cuaternario para depurarlo y echar los residuos salobres al Mediterráneo, soluciones ambas rechazadas por la amplia mayoría de científicos que, esta vez sí, han estudiado el ecosistema marmenorense desde hace décadas. El paroxismo llegó con la visita a la zona del líder de Vox Iván Espinosa de los Monteros declarando de forma provocadora que "se debería incrementar, y mucho, la zona de regadío” y acusando a los ecologistas de “responder a incentivos ideológicos, muy distintos a los de la preservación del medio ambiente”. No se me ocurre otra razón de ser de los ecologistas que la defensa del medio ambiente, pero en fin.

Ante esta ofensiva de carácter ideológico, con la que se persigue perpetuar un modelo agrícola contaminante y cortoplacista, basado en la propuesta de medidas ineficaces para salvar el Mar Menor y la descalificación de todo aquel o aquella que ose desmontar la versión oficial, se alzan voces autorizadas que gritan a los cuatro vientos que otro Mar Menor es posible, aunque con poco éxito. Entre el colectivo agrícola, no todos practican los métodos intensivos. Al contrario que las grandes empresas agropecuarias, hay pequeños agricultores que usan métodos agroecológicos y que intentan recuperar, además, variedades de frutas y hortalizas que están en peligro de extinción, aunque la superficie cultivada con estos métodos es aún pequeña, algo más de 3.000 hectáreas en el Campo de Cartagena, un 5% del total.

El Gobierno regional ha intentado dar un barniz científico a su intento de erigirse como 'salvador' del Mar Menor, montando un foro con el rimbombante nombre de 'Ciencia para recuperar el Mar Menor', en el que han participado científicos de las tres universidades de la Región (UMU, UPCT y UCAM) que no han hecho sino apoyar las medidas anunciadas por el gobierno regional, pero sin contar con los que proponen soluciones diferentes a la versión oficial. Muchos de estos científicos, pertenecientes a las Universidades de Murcia, Cartagena y Alicante, al CSIC, al Instituto Español de Oceanografía y a la Fundación Nueva Cultura del Agua, especialistas todos ellos en el estudio de la laguna, algunos de los cuales dimitieron del Comité Científico de Seguimiento del Mar Menor por desavenencias con la Comunidad Autónoma, firmaron un comunicado en 2019 en el que se reafirmaban en su postura de responsabilizar a los vertidos provenientes de la agricultura y otras actividades como el turismo de la agonía del Mar Menor.

El Gobierno regional y sus mensajeros insisten en no responsabilizarse de su obligación de vigilar y, en su caso, sancionar las actividades que han llevado a Mar Menor a su situación actual y, por supuesto, de desmontar las 8.500 hectáreas ilegales. Pero todavía hay una esperanza, si se atiende la opinión de los agricultores sensatos y sostenibles y al consenso de la mayoría de la comunidad científica, que hacen propuestas cuyo único fin es salvar al Mar Menor, no huir hacia adelante para continuar con esta carrera desenfrenada hacia el colapso de la laguna litoral más grande del Mediterráneo Occidental.

Articulo publicado hoy en eldiario.es:

https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/mar-menor-posible_132_8278529.html

domingo, 15 de agosto de 2021

¿ALARMISMO? NO, REALIDAD

4 de septiembre de 1979. Programa en directo de la televisión francesa, en el que intervienen, entre otros, Haroun Tazieff, reputado vulcanólogo, y Jacques-Yves Cousteau, la estrella mediática que desveló al gran público los fondos marinos a través de sus documentales y series de televisión. En un momento del programa, Tazieff anticipa que, debido a la acción humana, el nivel del mar subiría por el calentamiento global debido a la emisión de gases de efecto invernadero. Súbitamente, Cousteau interrumpe para exclamar que eso era un camelo, una tomadura de pelo, ya que sólo con la existencia de masas forestales y los océanos bastaría para contrarrestar ese supuesto calentamiento global, a lo que el presentador apostilla que era un mensaje alarmista que podría llevar al pánico a la audiencia. ¿Cuál de los dos mensajes caló en la audiencia? ¿El alarmista o el tranquilizador? A la vista de nuestra trayectoria en relación al calentamiento global, está claro que fue el de la figura más famosa, que minimizó la acertada previsión del vulcanólogo. 

Casi 42 años después, miles de trabajos científicos han ido apuntalando esa previsión. El último de ellos, el 6º informe de 'El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático' (IPCC), publicado el pasado 9 de agosto, afirma que la subida del nivel del mar anticipado por Tazieff es un proceso irreversible, y que esta subida del nivel engulliría a finales de siglo zonas costeras por todo el globo, incluida la Manga del Mar Menor, afirmación que le valió a una ONG ambientalista una denuncia por parte de una inmobiliaria en 2009 de la que fue absuelta.

El informe del IPCC afirma, además, que se intensificarán tanto las precipitaciones como las sequías extremas, dependiendo de la latitud. Los eventos de subidas del nivel del mar que antes ocurrían cada 100 años pueden ocurrir cada año. Se intensificará la fusión del permafrost, la acidificación de los océanos y la pérdida de hielos árticos y antárticos, afectando al modo de vida de las poblaciones que dependen del territorio para subsistir y a las especies asociadas a esos ecosistemas. El informe incluye, por primera vez, un atlas interactivo donde se pueden comprobar los efectos de la emergencia climática por regiones del planeta. En todas ellas se verifica el aumento lento pero implacable de la temperatura. Ya se da por sentado que el aumento de 1,5 grados centígrados que el Acuerdo de París de 2015 quería evitar es algo irremediable, llegándose a prever un aumento de la temperatura media planetaria de 4,4 grados centígrados a finales de siglo si no varía la tendencia, cosa que parece que estamos abocados a experimentar, a pesar de las repetidas llamadas a la responsabilidad de los gobiernos para revertir la situación. 

Los incendios devastadores de California, Turquía, Grecia; la pérdida masiva de hielo y glaciares en las latitudes altas, las temperaturas extremas que estamos sufriendo (se alcanzó el pasado 11 de agosto en Sicilia el récord absoluto de temperaturas en Europa, con 48,8 grados centígrados, debido a un anticiclón bautizado con el ilustrativo nombre de Lucifer); las DANA que provocan inundaciones asociadas a muertes y pérdidas materiales, cada vez más al norte, ya no son fenómenos exclusivos de la zona mediterránea, como han comprobado en Alemania, Bélgica y Países Bajos. Todas estas llamadas de atención de la naturaleza no hacen sino confirmar lo que, desde hace décadas, nos vienen advirtiendo los expertos.

¿Significa esto que debemos resignarnos a sufrir los efectos de la emergencia climática? No, pero la manera de revertir estos efectos supone tomar unas medidas drásticas para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), hasta alcanzar las emisiones cero en 2050. Eso significa cambiar radicalmente el modo de producción, nuestra manera de movernos, modificar nuestros hábitos de consumo, incluso nuestra manera de divertirnos. Los gobiernos deben tomar decisiones rápidas y valientes, a menudo en contra de los lobbies económicos, en nombre del interés general. ¿Estamos dispuestos a ello como sociedad? ¿Es alarmismo? No, es la realidad.

Articulo publicado en eldiario.es:

https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/alarmismo-no-realidad_132_8218050.html?fbclid=IwAR2v2QydiWVutDz3zQUoc9tfXqF-9WAkatFJxAmtoHSmwYY4DCctPHhx-Tk